jueves, 9 de junio de 2011

La orgía ritual - George Bataille


La Orgía Ritual
Georges Bataille


De "El Erotismo
Capítulo X:
"La transgresión en el matrimonio y en la orgía"



"De todas maneras, el marco regular del matrimonio sólo confería una salida estrecha y limitada a la violencia refrenada.

Más allá del matrimonio, las fiestas garantizaron la posibilidad de la infracción, con lo cual garantizaban a la vez la posibilidad de la vida normal, dedicada a actividades ordenadas.

Hasta la «fiesta de la muerte del rey (*) de la que hablé, y a pesar de su carácter poco formal y prolongado, preveía en el tiempo el límite de un desorden que al comienzo parecía ilimitado. Una vez que el cadáver del rey quedaba reducido a un esqueleto, dejaban de imponerse el desorden y el desenfreno, y volvía a empezar el juego de las prohibiciones.

Las orgías rituales, generalmente vinculadas con fiestas menos desordenadas, sólo preveían una interrupción furtiva de la prohibición que afectaba a la libertad del impulso sexual. A veces la licencia se limitaba a los miembros de una cofradía, como en las fiestas de Dionisos; pero, más allá del erotismo, podía tener un sentido más específicamente religioso. Los hechos los conocemos de forma muy vaga, pero siempre podemos imaginar cómo la vulgaridad y la pesadez acababan venciendo al frenesí. Pero sería vano negar la posibilidad de una superación en la cual contemporizarían la ebriedad que suele ir ligada a la orgía, el éxtasis erótico y el éxtasis religioso.

En la orgía, los impulsos festivos adquieren esa fuerza desbordante que lleva en general a la negación de cualquier límite. La fiesta es por sí misma una negación de los límites de una vida ordenada por el trabajo; pero, a la vez, la orgía es signo de una perfecta inversión del orden. No era por azar que en las orgías de las saturnales se invertía el orden social mismo, con el amo sirviendo al esclavo y éste acostado en el lecho de aquél. El sentido más agudo de esos desbordamientos provenía del acuerdo arcaico entre la voluptuosidad sensual y el arrebato religioso. En esta dirección la orgía, fuese cual fuese el desorden introducido por ella, organizó el erotismo más allá de la sexualidad animal.

En el erotismo rudimentario del matrimonio no aparecía nada semejante. Seguía tratándose de transgresión, fuese o no fuese violenta; pero la transgresión del matrimonio no tenía consecuencias, era independiente de otros desarrollos, posibles sin duda, pero no gobernados por la costumbre, y hasta desfavorecidos por ella. En rigor, la francachela es, en nuestros días, un aspecto popular del matrimonio, pero la francachela posee el sentido de un erotismo inhibido, convertido en descargas furtivas, en disimulos chistosos, en alusiones. El frenesí sexual, que, al contrario, afirma un carácter sagrado, es lo propio de la orgía. De la orgía procede un aspecto arcaico del erotismo. El erotismo orgiástico es esencialmente un exceso peligroso. Su contagio explosivo amenaza todas las posibilidades de la vida sin distinción. El rito primero quería que las ménades, en un ataque de ferocidad, devorasen vivos a sus hijos de corta edad. Más tarde, la sangrienta omofagia de los chivos previamente amamantados por las ménades recordaba aquella abominación.

La orgía no se orienta hacia la religión fasta, que extrae de la violencia fundamental un carácter majestuoso, tranquilo y conciliable con el orden profano. La eficacia de la orgía se muestra del lado de lo nefasto, lleva consigo el frenesí, el vértigo y la pérdida de la conciencia. Se trata de comprometer a la totalidad del ser en un deslizamiento ciego hacia la pérdida, momento decisivo de la religiosidad. Ese desplazamiento se da en el acuerdo que la humanidad estableció en segundo lugar con la proliferación desmedida de la vida. El rechazo implícito en las prohibiciones conducía al avaro aislamiento del ser, opuesto a ese inmenso desorden de los individuos perdidos el uno en el otro, y que su violencia misma abría a la violencia de la muerte. En un sentido opuesto, el reflujo de las prohibiciones, que da rienda suelta a la avalancha de la exuberancia, accedía a la fusión ilimitada de los seres en la orgía. De ninguna manera podía limitarse esa fusión a la estrictamente requerida por la plétora de los órganos de la generación. Era, desde el primer momento, una efusión religiosa; en principio, desorden del ser que se pierde y que nada opone ya a la proliferación desatada de la vida. Ese desencadenamiento inmenso pareció divino, de tanto como elevaba al hombre por encima de la condición a la que él mismo se había condenado. Desorden, griterío, violencia de los gestos y de las danzas, apareamientos sin concierto; en definitiva, desorden de los sentimientos, animados por una convulsión desmedida. Las perspectivas de la pérdida exigían esa fuga hacia lo indistinto, donde los elementos estables de la actividad humana se hacían esquivos, donde ya no había nada que no perdiese pie."



(*) Roger Caillois ha referido la imagen que sigue, referente al comportamiento de ciertos pueblos de Oceanía: «(...) En las islas Sandwich, la multitud, al enterarse de la muerte del rey, comete todos los actos considerados criminales en los tiempos ordinarios: incendia, pilla y mata, y de las mujeres se considera que han de prostituirse públicamente (...) En las islas Fidji, los hechos son aún más claros: la muerte del jefe da la señal para que comience el pillaje. Entonces, las tribus sujetas invaden la capital y cometen toda clase de actos de bandidaje y depredación. No obstante, estas transgresiones no dejan de constituir sagrilegios. Atentan contra las reglas que el día anterior eran vigentes y que al día siguiente volverán a ser las más santas e inviolables.» (L'Homme et le sacre, 2.a ed., Gallimard, París, 1950, cap. IV, «Le sacre de la transgression: théorie de la féte», págs. 125-168.)

 
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7 comentarios:

BARDO DE LA NOCHE dijo...

hermoso blog.

Gabi Romano dijo...

Encantada yo de que te haya gustado.
Un saludo!!!
Gabi R.

Jorge Muzam dijo...

La orgía imaginaria parece ser perpetua. Vivimos amancebados entre decenas y cientos de otros cuerpos que nos susurran cosas que quisiéramos oír.

Abrazos mi querida Gabi.

Gabi Romano dijo...

(Aquí un fragmento de lo que tenía anotado por ahí como resonancia de este fragmento bataillano.)
Las orgías han sido las grandes desordenadoras de la “erótica de las costumbres”. Frenesí sexual como antídoto de la tristeza devenida de ciertas pasiones domesticadas. Y la orgía también ha sido un verdadero oxímoron: exceso de los sentidos que afirmando el cuerpo y sus lubricidades niega la muerte pero que en su violento exceso mismo puede poner en peligro la vida en sí.
Para mí una de las principales razones por las que las orgías han tenido sentido en nuestras sociedades antiguas (y no tan antiguas) ha sido porque permitían el desorden dionisíaco-sexual en medio de las restricciones apolíneo-normativas. Digamos que representan la total liberación libidinal frente a las convenciones del encuentro uno-a-uno, frente al tedio de las obligaciones (relacionales, laborales, ciudadanas). Obviamente se trata de una línea de fuga breve, acotada, furtiva tal como recuerda Bataille. Pero no deja de tener el valor social de una "licencialicensiosa" cuyo fin y lema parecería ser “descomprimimamos para luego volver a la norma”. Un punto interesante también es el hecho de que durante las fiestas de desenfreno (las saturnales, por ej.) se borren las diferencias sociales: ni el amo era más amo, ni el esclavo era más esclavo, el que sirve es servido y el servido es servidor. Curioso artefacto de revancha interclases!

Seremos seres inmanentemente pendulares, tan hambrientos de ebriedades como sedientos de prescripciones?
Será el extasis nuestra sagrada misión como seres deseantes, y por eso la llamativa conexión entre orgías rituales, erotismo sagrado y éxtasis voluptuoso de la carne?

Jorge, con lo que dices me quedo ahora pensando: qué sucede hoy con todas esas dimensiones que antaño cubría la práctica de lo orgíastico, máxime considerando que la “perpetuación” imaginativa que deviene de lo numérico sexual -desde la Revolución Industrial en adelante- posee una ratificación (algo perversa, por cierto) en el hacinamiento de los cuerpos o en la hiperproximidad que a veces sucede en lo público anónimo. Pienso, por ejemplo y para tomar un aspecto poco explorado ni pensado (tal vez porque remite a “lo bajo”) en nuestros medios de transporte diarios en los que masas de seres indiscriminados aprietan sus cuerpos en subtes, trenes, buses, tranformando a éstos en involuntarios escenarios de roces y cercanías con lo anónimo de la carne del otro.

Cuáles son nuestras orgías del siglo XXI?

esa de afuera de mí dijo...

ese libro de bataille es de los mas preciados de mi biblioteca.
me encanta encontrarlo aca :)
besos

Gabi Romano dijo...

Es como un libro de cabecera para el tema de lo erótico, verdad?
De a poco subo fragmentos del mismo, supongo que con el correr del tiempo lo iré subiendo casi por completo.

Un saludo!!!
Gabi R.

Tienda erotica dijo...

las orgias eran practican antiguas que hoy dia se volvio comercial gracias a la industria del porno que cada vez revoluvioan e innova