domingo 24 de enero de 2010

"Los bares del sur" - Vicente Quirarte



"Los bares del sur"
Vicente Quirarte



De gitana los ojos;
las ojeras, victoria de la noche.
De renovado mármol la epidermis.
Mascarones de proa, los dos pechos
navegan por el mar de los sargazos
entre ardidos, piratas y sedientos.
Los zapatos celestes, grande y honda la herida
del taconear ligero y de la falda
que, igual al escote de la blusa,
busca el ojo cerrado del ombligo.
Y esa risa alevosa, envolvente, cantarina,
chorro de luna llena
en el sol con muletas de los antros.
Engalanada para la sed del Viernes,
tomas posesión. A los peones ordenas
el trópico en un vaso
y ese ron que comienza el tiroteo
inunda de llamas dulces tus entrañas.
Mides, con regla de señora, tu dominio,
reina de los plebeyos de la barra,
ángel entre los torvos y sirenas.
Estela de los bares, tú no esperas:
veinte cerillos prenden tu cigarro
cuando ya lo ha prendido tu bocaza,
en pie de alta guerra tus carmines.
Acódate y acábame. En tu primer cigarro,
une a todas las divas de mi infancia.
Concédeme la gracia
de guardar en mis ojos tu antebrazo
donde quince lunares se congregan
para trazar la forma del caballo
donde espero llevarte
a cabalgar la noche.

Que después la mañana nos disuelva.



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jueves 21 de enero de 2010

Qué son las Pin-ups?



Qué son las Pin-ups?




La expresión "pin-up" se fijó en los EEUU en las décadas de los '40 y '50. Con este nombre se conocen los dibujos (o fotografías) de chicas bonitas en actitudes sugerentes. Su éxito fue tan rotundo que con el tiempo han llegado a influir en muchos terrenos. Sólo hay que fijarse en el cine, la televisión, la publicidad, los cómics...

Las pin-ups siguen un patrón: son mujeres bonitas, sensuales, normalmente pilladas en situaciones "comprometidas" y que destilan erotismo e ingenuidad por todos sus poros. No hace falta que estén desnudas (de hecho casi nunca lo están). Su encanto reside en sus poses y sus miradas, en esa falda que enseña lo justo, o en esa lencería que sugiere más que enseña. Recatadas al principio, descocadas al final, las pin-ups revolucionaron el concepto de belleza y dieron cuerpo a un nuevo icono de la feminidad: la "cheesecake" o "girl-next-door".

Desde las revistas y los calendarios (forma de publicidad muy extendida en la época) llegaron a todos los rincones del país. Con el apogeo de la fotografía las ilustraciones perdieron peso y algunas modelos se especializaron en el striptease o el cine. Su popularidad fue tal que hasta el gobierno americano llegó a regalar pin-ups a los soldados para que las colgaran en sus taquillas y les subieran la moral durante la 2ª Guerra Mundial.



Fotografía:
Mamie Van Doren (6 de febrero de 1931)
Actriz y sex symbol americana.


Fuente:
http://www.portalmix.com/pinups/historia/


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Pinup - Poem by Billy Collins


Pinup
Poem by Billy Collins



The murkiness of the local garage is not so dense
that you cannot make out the calendar of pinup
drawings on the wall above a bench of tools.
Your ears are ringing with the sound of
the mechanic hammering on your exhaust pipe,
and as you look closer you notice that this month's
is not the one pushing the lawn mower, wearing
a straw hat and very short blue shorts,
her shirt tied in a knot just below her breasts.
Nor is it the one in the admiral's cap, bending
forward, resting her hands on a wharf piling,
glancing over the tiny anchors on her shoulders.
No, this is March, the month of great winds,
so appropriately it is the one walking her dog
along a city sidewalk on a very blustery day.
One hand is busy keeping her hat down on her head
and the other is grasping the little dog's leash,
so of course there is no hand left to push down
her dress which is billowing up around her waist
exposing her long stockinged legs and yes the secret
apparatus of her garter belt. Needless to say,
in the confusion of wind and excited dog
the leash has wrapped itself around her ankles
several times giving her a rather bridled
and helpless appearance which is added to
by the impossibly high heels she is teetering on.
You would like to come to her rescue,
gather up the little dog in your arms,
untangle the leash, lead her to safety,
and receive her bottomless gratitude, but
the mechanic is calling you over to look
at something under your car. It seems that he has
run into a problem and the job is going
to cost more than he had said and take
much longer than he had thought.
Well, it can't be helped, you hear yourself say
as you return to your place by the workbench,
knowing that as soon as the hammering resumes
you will slowly lift the bottom of the calendar
just enough to reveal a glimpse of what
the future holds in store: ah,
the red polka dot umbrella of April and her
upturned palm extended coyly into the rain.





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Pin-ups (1era. parte) - Juego de cartas eróticas de los años '40







Pin-ups (1era. parte)
Juego de cartas eróticas de los años '40


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Lucrecio - La herida oculta



Lucrecio
La herida oculta

Lucrecio
Tito Lucrecio Caro
(99 dC - 55 dC)
Poeta y filósofo romano.




Al poseerse, los amantes dudan.
No saben ordenar sus deseos.
Se estrechan con violencia,
se hacen sufrir, se muerden
con los dientes los labios,
se martirizan con caricias y besos.
Y ello porque no es puro su placer,
porque secretos aguijones los impulsan
a herir al ser amado, a destruir
la causa de su dolorosa pasión.
Y es que el amor espera siempre
que el mismo objeto que encendió la llama
que lo devora, sea capaz de sofocarla.
Pero no es así. No. Cuanto más poseemos,
más arde nuestro pecho y más se consume.
Los alimentos sólidos, las bebidas
que nos permiten seguir vivos,
ocupan sitios fijos en nuestro cuerpo
una vez ingeridos, y así es fácil
apagar el deseo de beber y comer.
Pero de un bello rostro, de una piel suave,
nada se deposita en nuestro cuerpo, nada
llega a entrar en nosotros salvo imágenes,
impalpables y vanos simulacros,
miserable esperanza que muy pronto se desvanece.
Semejantes al hombre que, en sueños,
quiere apagar su sed y no encuentra
agua para extinguirla, y persigue
simulacros de manantiales y se fatiga
en vano y permanece sediento y sufre
viendo que el río que parece estar
a su alcance huye y huye más lejos,
así son los amantes juguete en el amor
de los simulacros de Venus.
No basta la visión del cuerpo deseado
para satisfacerlos, ni siquiera la posesión,
pues nunca logran desprender ni un ápice
de esas graciosas formas sobre las que discurren,
vagabundas y erráticas, sus caricias.
Al fin, cuando, los miembros pegados,
saborean la flor de su placer,
piensan que su pasión será colmada,
y estrechan codiciosamente el cuerpo
de su amante, mezclando aliento y saliva,
con los dientes contra su boca, con los ojos
inundando sus ojos, y se abrazan
una y mil veces hasta hacerse daño.
Pero todo es inútil, vano esfuerzo,
porque no pueden robar nada de ese cuerpo
que abrazan, ni penetrarse y confundirse
enteramente cuerpo con cuerpo,
que es lo único que verdaderamente desean:
tanta pasión inútil ponen en adherirse
a los lazos de Venus, mientras sus miembros
parecen confundirse, rendidos por el placer.
Y después, cuando ya el deseo, condensado
en sus venas, ha desaparecido, su fuego
interrumpe su llama por un instante,
y luego vuelve un nuevo acceso de furor
y renace la hoguera con más vigor que antes.
Y es que ellos mismos saben que no saben
lo que desean y, al mismo tiempo, buscan
cómo saciar ese deseo que los consume,
sin que puedan hallar remedio
para su enfermedad mortal:
hasta tal punto ignoran dónde se oculta
la secreta herida que los corroe.



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Jorge Luis Godino - Del libro "Así es mi alma"





Jorge Luis Godino

Del libro "Así es mi alma"




Un roce nada más, tan sólo quiero,
en el delirio de esta fiebre loca.
Un roce pretendido y lisonjero
para saciar mis ansias en tu boca.

Un beso nada más, quizás el primero,
que en nombre del amor mi mente invoca;
interminable, puro y verdadero,
en el que toda entrega sea poca.


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Fijaciones eróticas y benditos traseros...


Fijacion visual
La cola ya domina la fantasía erótica de los argentinos



Por Daniela Pasik (para Perfil.com)
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0195/articulo.php?art=2774&ed=0195



Omnipresente en la televisión y las revistas, el trasero femenino ya parece un ser con vida y protagonismo propios. A diferencia de otros países, donde se admiran más las lolas, aquí manda la cola. Para la psicología, es una cuestión cultural del ideario de belleza de una sociedad. Para los editores gráficos, lucen en los kioscos y venden más. “Vivimos en una culocracia,” dicen.

El culo no es más que un efecto especial. Lo sexual no es más que un ritual de la transparencia. Antes había que esconderlo, hoy en cambio sirve para esconder la raquítica realidad”, dijo hace poco, antes de morir en marzo de este año, Jean Baudrillard, el sociólogo y pensador francés reconocido mundialmente por su tesis sobre la hiperrealidad. Según él, se ha construido un mundo en el que todos vivimos obsesionados con la perfección y en el que la autenticidad fue reemplazada por una copia trasmitida por televisión. Si se tomara por cierta su teoría, bien podría decirse que Argentina es la excepción que confirma la regla. “La temática de esta temporada es Los sietes del 07. Ya vamos por nueve tapas y no hay ni una chica de frente. Terminar el año así, para nosotros, es cabalístico”, asegura Norberto Chab, director de la revista Hombre, y agrega: “Tienen efecto visual en el kiosco; llaman más la atención”. Jean Baudrillard queda comprobado.

A los hombres argentinos les gusta mirar retaguardias y a las mujeres locales les agrada lucirlas. Una caminata por la peatonal Florida en la semana y al mediodía o un paseo por Plaza Francia una tarde de sábado son buenos ejemplos: Hay jeans ajustados y polleritas vaporosas que exaltan eso que ellos quieren ver. “Puede ser una cuestión cultural. Cada sociedad impone, de alguna manera, sus valores. En una época la belleza en una mujer pasaba por lo que hoy se consideraría ‘gordita’. Dentro de esa línea de pensamiento, las colas se instalaron como atractivo para los varones de nuestro país”, explica la psicóloga Marta Ferressini.

“Se podría generalizar y asegurar que, por ejemplo, a los norteamericanos les gustan más los pechos y el monte de Venus, mientras que la fijación nacional pasa por mirar traseros”, explica Chab y se comprueba fácil: prácticamente no hay chicas de espaldas en las tapas de Playboy internacional, ni en las de Penthouse o las de Hustler, y hay muy pocas en las ediciones españolas de Interviú o Maxime. Acá, todo cambia: la versión vernácula de la del conejito muestra espaldas y algo más, igual que Gabo y, por supuesto, Hombre, que hasta le dedica el año.

Carne argentina. Basta una vuelta por la Web para comprobar los comentarios de interés sobre las pompis de Jessica Cirio, Nazarena Vélez, Evangelina Anderson, Eliana Guercio, Ximena Capristo, Carolina Molinari y Victoria Vanucci, entre otras. “La tapa que más vendió fue la de Wanda Nara, pero por el personaje. La de Rocío Guirao Díaz es la que más pide el lector que se repita. Igual, dos años atrás, todas estas chicas tenían la misma cola, pero no había tanta fijación con el tema. No sé por qué, ahora todos quieren verlas, una y otra vez”, dice Chab.

La cosa mutó, claramente, estas últimas dos temporadas, pero la fascinación por las nalgas locales existió siempre. ¿Quién no se acuerda de Adriana Brodsky mostrándole la retaguardia al “maestro” sin suspirar por la Bebota? ¿Y aquella publicidad ochentosa en la que un hombre le miraba la cola a una pulposa clienta en un almacén y exclamaba: “Pamela... ¡Qué pan dulce!”? El calce profundo de Patricia Sarán, la famosa tanga de Noemí Alan en el programa de Porcel, el boom del cola less...

Hombre apareció el 28 de julio de 2003 en el mercado y privilegió las tapas con chicas de frente. Según Chab, poco a poco comenzaron a alternar, en 2006 se animaron con tres mostrando la cola y, ya en sus propias palabras, “este año son todas de espaldas”. Asegura que este gusto local, para él, es un misterio pero, sin embargo, ensaya: “Podría decirte que tiene que ver con la crisis económica, la violencia y todo un verso de que los argentinos somos no sé qué. Pero la cosa es que nos gusta más. Esta es la cultura de la culocracia”.

El fin de la espalda es una zona erótica. Desde lo sexual, sensual y estético, cada uno pone su libido donde quiere, o puede, y para eso no existe una explicación certera. Es simplemente eso. Por qué los hombres locales miran retaguardias es la gran incógnita a develar. Simplificando, se podría decir que la cola es como el mate: a los argentinos les encanta y no se sabe bien por qué.




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lunes 18 de enero de 2010

Charles Baudelaire - "a la sombra de sus senos..."


Charles Baudelaire
"a la sombra de sus senos..."



Recorrer cómodamente sus magníficas formas;
Arrastrarse sobre la vertiente de sus rodillas enormes,
Y a veces en verano, cuando los soles malsanos.
Fatigada, la lleva a estirarse, a través de la campaña,
Dormir, perezosamente, a la sombra de sus senos...


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Daniel Muxica - Bailarina de Samba




Daniel Muxica

Bailarina de Samba




Hembra en Brasil

orillas, orixas sexuales su cuerpo haga, jadee, dance la garota, menina menee su gata, su toga, sus caderas sucundum, sucumbir en el tórrido tambor del cuero, en el color de sus labios, en la carne carmesí, la bemba, la bomba de almíbar, ¿cómo sustraerme hermes olocum a pantógrafo de sus pantorrillas?, eleusis sísmica sigo la mímica, la sacudida impertinente de la arena en los muslos, mus de chocolate late rico, sabroso café, malta, cafre densidad dura fláccida que se estira y conviene la medida del baile, la medida de la intimidad

ocioso sería pretender que todo viene de los dioses

nova nave que no ave, eva era su verano, trópico en tránsito bogando, caderas duras en salivadas sucundum resbaloso de sudar tanto ritmo, tanto antológico músculo, antílope que frota mi báculo, ébano vano, con movimiento de pelvis infinito


arrabal del carnaval
merodea el desvarío
varía de gotita a mancha
húmedo eclipse
rezumban dinámicos glúteos iridiscentes
las chicas decentes
las enaguas heridas en reblandecidas nalgas
el masaje entre las propias cachas
se desvive en la gárgara del ritmo
los glóbulos se dispersan en el revoloteo
espera un plátano
una banana
una fruta eréctil
moldura tráctil
para hacerla papilla repostera
entre sus fenomenales pantorrillas
el clítoris serpenteando
la fatiga pubiana
el vibrato
que recupera en la sombra el derrame sonámbulo


súcubo sucundum en el paño afelpado
fados del desenfado
por años la metafísica del culo
magmas en el anca
movimiento pélvico de aquello que se incrusta


es todo tembladeral la trópica, oro, maestra de la fornicación, cobre la botella, peligrosa estrategia entre la beata y el insomnio, las formas lujuriosas también buscan la dignidad, las libélulas, los lunares, las células, somnífera esfera lasciva, envaselinada brizna que tiñe con barniz varonil su camisa blanca, cachaça de disfraces, desteñidas frases, sabrosos azufres, peines a pasarse por el pubis

mulata rojo amarillo verde estrás del color, el calor es una coreografía, el sudor llovido una acción humectante,
en los pies danza un soplo en el anfiteatro africano, una ráfaga negra agria en la sudadera, saltitos en la prisión de porcelana, danza sobre relámpagos y la oscuridad, la hendidura de ogum, se hace más impenetrable

siempre es adverso sumergirse en el milagro


en cuclillas menea a venus cerca del piso
yemenya habla por esos labios
sobre el pico de una botella de cerveza
y es igual el color de los líquidos
chorro descarado sobre el casquijo
túnel de ira mojada

fábula del sábulo
de la arena nacen los espejos
se refleja
y el cuerpo que veo quieto
nunca es cuerpo

nunca es el cuerpo de esas lubricaciones
nunca es el cuerpo de estas elucubraciones


viscosa danza ella va estar no tanto para el embadurne
el mordisco órfico
la fuga
el nombre vulgar de la huída

su cuerpo es traje ritual
me baila
me expone a su deseo.

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Aristófanes - Atravesando a la mensajera...




Aristófanes

Atravesando a la mensajera...




“... la mensajera levanta primero las piernas
y yo la atravieso”.


Aristófanes
(dramaturgo griego, Atenas 444 aC.-385 a C.)
En “Los pajaros”

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To see I - De “Blues del Amasijo”



To see I
De “Blues del Amasijo”



al compás de ese blues la mujer
se desnuda
le sale de la voz un viejo armiño
turbio
y deshuesado
el sol de algún zapato
brilla
como seno de lava
revolverá la noche con un pubis violáceo
frente al pezón opaco de su espejo



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Sally la lunga - De “Blues del Amasijo”



Sally la lunga

De “Blues del Amasijo”



felino de ceniza en la cimbreante
piel de labios revueltos
(gimen sus
nalgas
en el maquillaje)
agridulce los senos
desordena la pena
mil pedazos
frente al espejo
liz
la pelirroja bailará roc an rol
algún vestido de papel glacé
y sus pestañas de velludo sexo
esa mujer a punto de volar


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Y qué es lo obsceno? - Hilda Hilst


Y qué es lo obsceno?
Hilda Hilst

(2001)



"Nadie sabe hasta hoy qué es lo obsceno.
Obscena para mí es la miseria, el hambre, la crueldad.
Nuestra época es obscena".


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Sobre la escritura erótica de Hilda Hilst




Hilda Hilst (1930 - 2004)

La poeta del erotismo


"Tómame tierra generosa...
úngeme la boca, la lengua

para decir una palabra olvidada y alcanzar el ser"


Hilda Hilst



Por Francisco Véjar
En "Revista de Libros"
6 de agosto de 2004


La existencia de Hilda Hilst oscilo entre el delirio, la soledad y el amor. Fue desenfadada y precoz para su época. Sus escritos le quitaron el maquillaje a la hipocresía. En los noventa anuncio su despedida de la literatura "seria", explorando lo que algunos han dado en llamar "género pornográfico". Nacida el 21 de abril de 1930, en Sao Paulo, su primer cuaderno de poemas lo tituló Presagio (1950). Allí muestra una poesía femenina, exenta de pudor y timidez. En el texto numero 14 de la obra, dice: "Fui monja/ vestida de negro/ en el laberinto azul./ Antes del ser/ había un hombre/ consciente/ destruyendo el lirismo/ de mis madrugadas./ Estaba presente/ en las conversaciones de los bares/ y en las historias solitarias". Entre 1937 y 1945 estuvo internada en una escuela dirigida por monjas. Esta educación religiosa origino la orientación mística de parte de su trabajo.

Posteriormente, edita Balada de Alzira (1951) y Balada del festival (1955), libros que ella misma se costea. Sin embargo, la autora afirma que su debut literario se inicia con la publicación de la Pauta del silencio (1959). Esta obra da cuenta de los horrores vividos durante la Segunda Guerra Mundial. En ese tiempo participaba activamente de la vida cultural y bohemia de Sao Paulo y Río de Janeiro. Son años de la gran efervescencia social en América Latina. No es casual que se manifestara en público a favor de la libertad femenina, en el ámbito profesional, artístico, amoroso y erótico.

En una oportunidad, para poder conversar con Marlon Brando, se hizo pasar por reportera. Le había encantado la película "Un tranvía llamado deseo", dirigida por Elia Kazan. Su belleza y talento eran sobrecogedores. Felipe Moisés, escritor brasileño, recuerda: "La conocí cuando ella tenía 17 años, en casa de Massao Ono, donde había ido en busca de editor para mi primer libro. Mientras conversaba con Ono, entró una mujer deslumbrante; rostro de estatua y sombrero de paja. Vi a aquella mujer fantástica y Ono me dice que es escritora. No es posible, pensé, mujer tan bella no necesita ni hablar ni escribir".

Sus pretendientes eran numerosos. Con el músico y poeta Vinicius de Moraes tuvo un idilio. A poco andar, éste le dijo: "Para tener tu amor, tengo que ser un gran caballero". En esa época, Sao Paulo y Rio eran una fiesta para Hilda Hilst.

Pese a ello, en 1963 se retira de la agitada vida social. En 1966 se muda a la parcela de su madre, en los alrededores de Campiñas, con el fin de dedicarse por entero a la literatura. Ese aislamiento se vio simbolizado en la Casa del Sol, ubicada en los predios de su progenitora, estancia que hizo construir en un estilo arquitectónico que recuerda un monasterio español. Esto surgió de la lectura del escritor griego Nikos Kazantzakiz, que la marca profundamente. Le dedica el conjunto de poemas titulado Trayectoria poética del ser (1963 - 1966), donde escribe:"Tómame tierra generosa.../ úngeme la boca, la lengua/ para decir una palabra olvidada y alcanzar el ser".

Nunca deja de lado el feminismo. Es iconoclasta. La poeta brasileña Cristiane Grando afirma al respecto: "Ella construyó un universo de la mujer que asume su papel social, en un mundo normalmente dominado por lo masculino. En Trovas para un señor amado (1959), escribe Hilda: "Me dio el amor este don/ Para decir en poesía./ Poeta y amante es lo que soy". Hilda Hilst realiza más de cuarenta libros, desde 1950 a 1995, ya sea de poesía, piezas de teatro escritas con la intención de denunciar las atrocidades de la dictadura militar, o bien prosa poética, en la cual lo sagrado y lo profano, la trascendencia y la sexualidad, frecuentan el mismo espacio. También incursionó en la crónica de humor para el diario "Correio Popular", de Campiñas (estado de Sao Paulo), género con que quiso desenmascarar a la sociedad de su tiempo.

Ejemplo de ello es El cuaderno rosa de Lori Lamby (1990). Allí la autora aborda una narración erótica/obscena, donde los personajes metaforizan de manera humorística el absurdo existencial y social del mundo contemporáneo. Quiere expresarse sin tapujos. Este ciclo está compuesto por Cuentos de escarnio / Textos grotescos (1990), Cartas de un seductor (1991) y algunos poemas satíricos de Bufonas (1992). Con ello, Hilda Hilts se replantea el papel de la literatura en el mercado neoliberal.

A ello se suma la publicación de Estar siendo. Haber sido (1997). El personaje principal, Vittorio, ultimo de una larga serie de alter-egos masculinos, enfrenta una muerte ahogado en alcohol, un ajuste de cuentas a su propia vida y entorno. Escribió Alcohólicas (1992), libro de poemas de carácter biográfico. Dice: "Te amo, vida, líquida estela donde me deleito".

La editorial brasileña Globo decidió publicar desde 2001 su obra completa.Este proyecto contempla editar por separado cada uno de sus libros Ya salió a la circulación La obscena señora D (2001). Y qué es lo obsceno?, se pregunta alguna vez Hilda Hilst. "Nadie sabe hasta hoy qué es lo obsceno. Obscena para mí es la miseria, el hambre, la crueldad. Nuestra época es obscena". Se sumaron luego los tomos La muerte. Odas mínimas (2002) y Baladas (2002). En la actualidad, sus escritos están siendo traducidos al inglés y castellano.

Los días de Hilda terminaron en la Casa del Sol, bebiendo de vez en cuando una copa de vino, en recuerdo de sus amigos Dean Martin y Carlos Drumond de Andrade, entre muchos otros. El silencio se poblaba de voces. Escribía sin cesar y recibía visitas de admiradores. El ánimo la acompañaba, pero no la salud. En la madrugada del 4 de febrero de 2004, murió a la edad de 73 años. Dejó escrito en una de sus notas: "Para poder morir apetecida/ Me cubro de promesas/ Y de memoria/ Porque es necesario/ Para que tú vivas".



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Misterios con las piernas elevadas - Aristófanes



Misterios con las piernas elevadas
Aristófanes






“De modo que se puede, levantándole las piernas,
cumplir en lo alto, los misterios”.



Aristófanes
(dramaturgo griego, Atenas 444 aC.-385 a C.)
En “La Paz”



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El ritmo fornicante que sacude al mundo - Vladimir Nabokov


El ritmo fornicante que sacude al mundo
Vladimir Nabokov



“Estoy dispuesto a creer que las sensaciones provocadas en mí por la fornicación natural eran muy semejantes a las conocidas por lo grandes machos normales ayuntados con sus grandes cónyuges normales en ese ritmo que sacude el mundo”.



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Ausonius - Epigrama orgiástico





Ausonius

Epigrama
orgiástico




"Son tres en el lecho: dos sufren el acto infame,
dos lo cometen. Creo que son cuatro.
Error: los de los extremos juegan un solo papel,
y cuenta por dos el del medio: actúa y sufre."


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De las potenciales ventajas saludables de una buena "fellatio"



De las potenciales ventajas saludables de una buena "fellatio"



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Tríptico - Daniel Muxica




Tríptico

Daniel Muxica



Daniel Muxica
Poeta y narrador argentino.
(Valentín Alsina, provincia de Buenos Aires, 1950-2009)




¡Te hemos querido tanto! Te hemos amado
en las poses
más indescifrables del poeseo.
Poseo tu pozo.
Verbo bebo tu pozo.
Te hemos aprendido con tu boca en su pene
(lo que está mal)
con tu boca resuelta y húmeda en mi pene
(lo que está bien)
y en diversos reversos anversos adversos
de celebrado celo.
Gaita musical es tu vejiga de acróbatas y pornógrafos
y cabríos amantes al acecho
(¡ah, pecadores secundados por la experiencia!).
Muslo agitado en entradas salidas como place, como pasa,
como pesa.

Te hemos gozado como un juego de go, salpicado con sal,
enjuagado con jugos, goteado como gatos,
tentaciones y tentáculos de atrevidos calientes
pulpos en tu pulpa rosada, sacudida y expuesta,
incentivada a labiar orgasmos.
Posible modo del tres, de la estría como el puño
de morir,
último apretón sentimental al individuo.

Te hemos querido tanto. ¡Tanto!
¡A pura orgía de libertad! Pero
seguramente esos son datos para otra edad
y otra lectura.




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Friedrich Karl Forberg - Enumeración de 75 posturas eróticas


Friedrich Karl Forberg
Enumeración de 75 posturas eróticas




1. El hombre inclinado hacia adelante, recibiendo entre sus piernas a la mujer acostada de espaldas, las piernas estiradas.
2. El hombre inclinado hacia adelante, recibido entre sus piernas por la mujer acostada de espaldas, las piernas separadas.
3. La mujer acostada de espaldas, tiene entre sus piernas una sola de las piernas del caballero.
4. La mujer acostada de espaldas, los pies cruzados sobre los riñones del caballero.
5. La mujer acostada de espaldas, una de sus piernas estiradas, la otra puesta sobre los riñones del hombre.
6. La mujer acostada de espaldas, el caballero montado al revés.
7. La mujer acostada de espaldas, el caballero montado transversalmente.
8. El hombre acostado, la mujer a medias acostada sobre el flanco, las piernas estiradas.
9. El hombre acostado, la mujer a medias acostada sobre el flanco, una pierna estirada, la otra levantada sobre los riñones del hombre.
10. La mujer a medias acostada, el caballero montado al revés.
11. El hombre de rodillas, la mujer acostada de espaldas, las piernas separadas.
12. La mujer acostada de espaldas, las piernas levantadas sobre los riñones del hombre de rodillas.
13. La mujer acostada de espaldas, una pierna estirada, la otra levantada sobre la espalda del hombre de rodillas.
14. La mujer acostada de espaldas, las piernas levantadas sobre la espalda del hombre de rodillas.
15. La mujer acostada de espaldas, una pierna estirada, la otra levantada
sobre la espalda del hombre de rodillas.
16. La mujer acostada de espaldas, una pierna levantada sobre los riñones del hombre de rodillas, la otra sobre su espalda.
17. El hombre de rodillas atraviesa a la mujer sentada, las piernas separadas.
18. La mujer sentada, una pierna estirada, la otra levantada sobre los flancos del hombre de rodillas.
19. La mujer sentada, las dos piernas levantadas sobre los dos flancos del hombre de rodillas.
20. La mujer sentada, una pierna estirada, la otra levantada sobre la espalda del hombre de rodillas.
21. La mujer sentada, las dos piernas levantadas sobre la espalda del hombre de rodillas.
22. La mujer sentada, una pierna sobre la espalda del hombre de rodillas, la otra estirada.
23. El hombre de rodillas, la mujer dada vuelta.
24. El hombre de espaldas, la mujer de frente.
25. El hombre de espaldas, la mujer dada vuelta.
26. El hombre de espaldas, la mujer atravesada.
27. El hombre de espaldas, la mujer levantada.
28. El hombre sentado, la mujer de frente.
29. El hombre sentado, la mujer de frente, las piernas al aire.
30. El hombre sentado, la mujer dada vuelta.
31. El hombre y la mujer de pie.
32. El hombre y la mujer de pie, una pierna del hombre o de la mujer levantada en el aire.
33. El hombre de pie, la mujer acostada de espaldas, las piernas separadas.
34. La mujer acostada de espaldas, las piernas levantadas sobre los riñones del hombre de pie.
35. La mujer acostada de espaldas, una pierna estirada, la otra levantada sobre los riñones del hombre de pie.
36. La mujer acostada de espaldas, las dos piernas levantadas sobre la espalda del hombre de pie.
37. La mujer acostada de espaldas, una pierna estirada, la otra levantada sobre la espalda del hombre de pie.
38. La mujer acostada de espaldas, una pierna levantada sobre la espalda
del hombre de pie, la otra sobre sus riñones.
39. El hombre de pie, la mujer a medias acostada sobre el flanco.
40. El hombre de pie, atravesando a la mujer sentada, las piernas separadas.
41. El hombre de pie, atravesando a la mujer sentada, las piernas en el aire.
42. El hombre de pie, atravesando a la mujer sentada, una pierna estirada, la otra en el aire.
43. El hombre de pie, la mujer levantada.
44. La mujer levantada, las piernas sobre la espalda del hombre de pie.
45. El hombre de pie, la mujer de rodillas, dada vuelta.
46. El hombre de pie, la mujer en cuclillas, dada vuelta.
47. El hombre de pie, la mujer vuelta de espaldas y levantada de tal modo que sólo la parte inferior del cuerpo quede en el aire, permaneciendo la parte superior apoyada.
48. El hombre de pie, la mujer vuelta de espaldas, la parte inferior del cuerpo levantada artificialmente.
49. Hombre pedicado acostado.
50. Hombre pedicado de pie.
51. Hombre pedicado de rodillas.
52. Hombre pedicado agachado.
53. Irrumateur acostado.
54. Irrumateur sentado.
55. Irrumateur de pie.
56. Irrumateur arrodillado.
57. Irrumateur agachado.
58. Cunnilinge acostada.
59. Cunnilinge sentada.
60. Cunnilinge de pie.
61. Cunnilinge de rodillas.
62. Cunnilinge agachada.
63. Fellatio y cunnilingus.
64. Masturbador.
65. Mano oficiosa.
66. Mano oficiosa de un tercero.
67. Ayuda del dedo.
68. Ayuda de un aparato de cuero.
69. Coito con un cuadrúpedo macho.
70. Coito con un cuadrúpedo hembra.
71. Tríbada practicando la cópula.
72. Tríbada pedicando.
73. Tres participantes: un copulador es pedicado.
74. Tres participantes: un pedicon es pedicado.
75. Tres participantes: un Celador es pedicado.



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Antonio Ruiz Bonilla - Poemas de amor inmisericordes




Antonio Ruiz Bonilla
Poemas de amor inmisericordes
(Ed. “Poesía eres tú”)



Antonio Ruiz Bonilla
1968, Sevilla.



La esperanza moribunda
Espérame habitando la quietud
de los atardeceres por sus balcones
en llamas, incinerado de incertidumbre.
En la sal ensangrentada de un mar
ultrajado por rencorosos huracanes,
enfurecido a base de sueños marginados
y de promesas infieles que rezuman
ácidos cristalinos por tus ojos.
Ensartado por el sol en las púas de
una acacia venenosa, recluida en el
olvido humeante de la sabana.
Estaré aguardándote crucificado
en las cuevas que resurgen del
pasado, como breves infiernos de
dudas y desencantos que creíste
sepultadas de ilusiones.
En todo esto me hallarás cuando tu
respiración te invada de amenazas,
cuando los versos sólo parezcan
antagonistas utopías que
quebrantan insolentes tu ánimo
de mantis onanista e iracunda.
Suicidándome ante ti intentaré
que mi debilidad te disuada del vacío
con que tu mirada me ejecuta, ahora,
mientras callas, como si nunca
hubiésemos engendrado caricias.
Sobre tu pubis
Sobre tu pubis mi cabeza descansa
como muerta, entre tus piernas mi pecho
regresa de robar oxígeno por los rincones,
resucitado.
el mundo acaba en un sudor helado de pies.
de nuevo acabamos en tablas la
encarnizada lucha por la supremacía de
satisfacer; de esa forma suicida en que todo
en la locura, al fin cobra sentido.
Sobre tu pubis yazgo sin culpas ni necesidades;
sólo sangre regresando reconfortante.



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Ausonius: epigrama de humor erotico latino (CXXVII)





Ausonius
Epigrama de humor erotico latino
CXXVII




¡Qué prisa tienes de dar lecciones
de lengua
a tus hijos aún no nacidos!




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Monólogo de Molly Bloom - James Joyce (de “Ulises”)


Monólogo de Molly Bloom
James Joyce
(de “Ulises”)


"Sí porque él nunca había hecho tal cosa como pedir el desayuno en la cama con un par de huevos desde el Hotel City Arms cuando solía hacer que estaba malo en voz de enfermo como un rey para hacerse el interesante con esa vieja bruja de la señora Riordan que él se imaginaba que la tenía en el bote y no nos dejó ni un ochavo todo en misas para ella sola y su alma grandísima tacaña como no se ha visto otra con miedo a sacar cuatro peniques para su alcohol metilico contándome todos los achaques tenía demasiado que desembuchar sobre política y terremotos y el fin del mundo vamos a divertirnos primero un poco Dios salve al mundo si todas las mujeres fueran así venga que si trajes de baño y escotes claro que nadie quería que ella se los pusiera imagino que era devota porque ningún hombre la miraría dos veces espero no llegar a ser nunca como ella milagro que no quisiera que nos tapáramos la cara pero era una mujer bien educada y toda su cháchara con el señor Riordan por aquí y el señor Riordan por allá supongo que él se alegró de perderla de vista y el perro oliéndome las pieles y siempre entremetiéndose para subírseme por debajo de las enaguas especialmente entonces sin embargo eso me gusta de él amable con las viejas así y los camareros y los mendigos también no es orgullo por nada pero no siempre si alguna vez le pasa algo serio de verdad es mejor que se vayan al hospital donde todo está limpio pero supongo que tendría que marchárselo durante un mes sí y entonces tendríamos en seguida en el asunto una enfermera del hospital y él se quedaría hasta que le echaran o una monja a lo mejor como la de la foto indecente que tiene él es tan monja como yo sí porque son tan débiles y quejumbrosos cuando se ponen malos quieren una mujer para ponerse buenos si les sangra la nariz se creería que era eso oh tragedia y esos ojos de moribundo bajando por la circunvalación sur cuando se torció el pie en la fiesta del coro de Monte Pandeazúcar el día que estrené aquel traje la señorita Stack le llevó las flores las peores y más viejas que encontró en el fondo del cesto cualquier cosa con tal de meterse en la alcoba de un hombre con su voz de solterona tratando de imaginarse que él estaba a morir por culpa de ella no volver a ver jamás tu rostro aunque él tenía más cara de hombre con la barba un poco crecida en la cama papá era lo mismo además me fastidia vendar y dar medicinas cuando se cortó el dedo del pie con la navaja de afeitar cortándose los callos con miedo de un envenenamiento de la sangre pero si la cosa fuera que yo estuviera mala ya veríamos entonces qué atenciones solamente claro que la mujer lo esconde para no dar toda la molestia como ellos sí él lo ha hecho en algún sitio..."


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Mario Vargas Llosa - La escritura erotica no deliberada




Mario Vargas Llosa
La escritura erotica no deliberada



"Un texto que sólo es erótico resulta muy poco convincente porque pierde vitalidad. Como la vida no es sólo sexo, un texto en el que la vida no es otra cosa, termina siendo muy artificial y postizo, un juego lúdico disociado de la experiencia vivida convertido muchas veces en un artificio intelectual. No es ése el erotismo que me seduce y estimula. En cambio, para mí es muy difícil que haya una gran novela en la que no haya páginas de una alta intensidad sexual. Recuerdo novelas de las que no se podría decir que son eróticas, pero en las que hay episodios de una carga erótica tal que se han convertido en el cráter de esas novelas, en la imagen que las sintetiza. Por ejemplo, en Esplendor y miseria de cortesanas, de Balzac, hay un viaje en diligencia con dos personajes, una pasajera y un joven que viaja frente a ella. Las irregularidades del terreno precipitan a unos pasajeros contra otros, y el joven siente de repente el roce de las rodillas de la pasajera. Es una descripción maravillosa. De esa novela no se me olvidará nunca el roce en esa clandestinidad nerviosa. Esos fogonazos eróticos dentro de una historia tienen para mí una importancia capital. Un relato sin esas apariciones de lo sensual no alcanza nunca la grandeza de las novelas que incorporan esa experiencia. Lo mismo pasa en el Quijote con la escena de Maritornes, en la que hay un erotismo muy rico, aunque esté atenuado por el humor y por el sarcasmo. Tal vez porque era la única manera de pasar la censura. Jaime Gil de Biedma contaba que de joven había tenido una gran inflamación erótica con esa escena.

Siempre he tenido la idea de hacer una antología del erotismo no buscado, no deliberado. Es un proyecto que me sigue dando vueltas. Sería algo así como la antología del humor negro de André Breton o la antología de lo fantástico de Roger Caillois. Se podría hacer una selección preciosa con textos eróticos procedentes de libros que no sólo no son eróticos sino que difícilmente podrían concebirse como eróticos, por ejemplo, algunos textos religiosos, los místicos. Muchas cosas de san Juan de la Cruz pueden leerse en clave erótica. Si uno los lee con un espíritu laico le pueden inflamar extraordinariamente. Lo mismo podría decirse del Cantar de los cantares. De hecho, el misticismo ha estado siempre muy cerca del erotismo. Recuerdo, a propósito, San Genet, comediante y mártir, un ensayo en el que Sartre compara, de un modo muy convincente, textos de Genet con textos místicos.

Otro fragmento de antología es el comienzo de Moby Dick, una de mis novelas de cabecera. En esas páginas hay una relación extraña entre dos personajes masculinos, un indio y el narrador, que duermen juntos en una casa. Aparentemente todo es muy puro, sin sombra de erotismo, pero un lector malicioso, y todos lo somos, puede encontrar extraordinariamente extraña la convivencia de estos dos personajes, que establecen una especie de fraternidad carnal, aunque no se mencione ni por asomo la posibilidad de una relación homosexual. Otra muestra: la carga erótica del monólogo de Molly Bloom, en el Ulises de Joyce. Son unas páginas de una fuerza extraordinaria por la increíble sensualidad de Molly, que impregna todo el monólogo de una especie de vaho seminal. Una lectura malintencionada podría dar una maravillosa antología del erotismo no buscado, aislando textos, igual que en esos libros de arte que reproducen fragmentos de obras concretas".


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Lunes lluvioso - Luis Mendez Torres


"Lunes lluvioso"
Luis Mendez Torres




Luis Mendez Torres
El Paraíso, Honduras
Escritor, autor del Libro de Poesía ¨Subterráneo¨, 2005.



Después de copular
la mira y pregunta:
de donde vienes
mi amada, de dónde…

- ¨de un país lejano
…muy lejano¨-
responde exhausta segundos
antes de una décima de sexo
en el albor de su ovulación
luna llena
U – 2
Enya
y Ramstein
estremecen las paredes.

Cubierto su cuerpo
con el viento de su pubis
aroma erizo de mar
en cintura extendida
sus ojos deletrean
cada movimiento.

Sudorosos
transpiran gritos
de lluvia y relámpago
en humedecidas sábanas.

Amanece
un lunes
lluvioso
de junio.

Desabrigados sus cuerpos
se resisten a abandonar la cama.


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De “La estación de fiebre” XIII - Ana Istarú



De “La estación de fiebre”

XIII
Ana Istarú




La suavidad del pan que no ha nacido
sostiene sus caderas,
un lomo terso de venado,
la curvatura del melón,
altas mejillas donde escribió
su adiós final la espalda.
Cómo no amar a este varón
sentado en sus dos lunas,
volcado como un río sobre el lecho.
Amo su boca tocada por la abeja,
amo sus higos apretados,
amo esta órbita doblemente dulce:
detenidos ocasos sus dos nalgas,
oh gloria de la esfera, las dos copas
en que lo habrán vertido un día.
Su grávida ternura me devuelve
a las cosas más terrenas.
Los ángulos equinos, el traje circular del universo.
Cómo no amar a este varón tocado
con piel de albaricoque en la cadera.




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Manuscrito de Turín





Manuscrito de Turín




Mi fruta está a la par de su boca
Es dulce como su gusto
Mis granos son como sus dientes
Y mi forma es plena como la de sus senos.
Sus senos son como dos guirnaldas
ligadas a sus brazos.
Soy el mejor árbol del jardín, el granado.
Me mantengo todo el tiempo.


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Las lenguas de Eros - George Steiner





Las lenguas de Eros
George Steiner



George Steiner
“Furiosamente inspirado” (*)

La bendición de la variedad creativa se obtiene no sólo entre lenguas distintas, es decir, “intelingualmente”. Actúa profusamente dentro de cualquier lengua determinada, “intralingualmente”. El más exhaustivo de los diccionarios no es más que una abreviatura resumida, obsoleta ya cuando se publica. El uso léxico y gramatical está en perpetuo movimiento y fisión. Se escinde en dialectos locales y regionales. Los factores de diferenciación funcionan como entre clases sociales, ideologías explícitas o sumergidas, credos, profesiones. La jerga puede variar de un barrio de la ciudad a otro, de una aldea a otra. De una manera que sólo se ha dilucidado parcialmente, la lengua es moldeada por el género. Muchas veces, hombres y mujeres no quieren decir lo mismo cuando pronuncian o escriben la misma palabra. No entender “no” como una contestación es un indicador simbólico. Los cambios en significado e intención dentro de una generación y entre una y otra son constantes. En ciertos momentos de la historia social, de la conciencia familiar, de los reflejos del reconocimiento mutuo, estos cambios pueden tornarse espectaculares. Esto parece ser así en nuestro acelerado presente, entre grupos de edad separados por la mecánica misma de la información. Así, diferentes niveles de la sociedad, diferentes localizaciones geográficas, géneros y grupos de edad pueden llegar a estar al borde de la mutua incomprensión. La pluma estilográfica no habla con el iPod.

La fragmentación lingüística está al servicio de necesidades tanto agresivas como defensivas. Hablamos “por” nosotros mismos y solicitando al otro, rebelándose contra él o desafiándolo. Hasta las expresiones más corteses y gramaticalmente instruidas contendrán partículas de slang calculadas para acentuar la intimidad o la exclusión. Se obliga al muchacho de la escuela de elite, al novato, al cadete pardillo a memorizarlas cuando se reúnen con sus iguales. La jerga de la banda callejera o del hooligan futbolístico no es menos esnob, menos ritualizada. Se deduce que todos y cada uno de los intercambios semánticos, aunque se hagan en la misma lengua e incluso entre íntimos –quizá más marcadamente aquí–, comportan un proceso más o menos consciente, más o menos elaborado, de traducción. No hay mensaje, no hay arco de comunicación entre fuente y recepción que no tenga que ser descodificado. La inmediatez de la comprensión es una idealización del silencio. Habitualmente, la descodificación tiene lugar en el instante y, por así decirlo, pasa inadvertida. Pero cuando surgen las tensiones, privadas o públicas, cuando la desconfianza o la ironía o algún elemento de falsedad dejan oír su ruido de fondo, la interpretación recíproca, el acto hermenéutico puede devenir arduo e incierto. Entran en juego unos signos auxiliares. El tono, la inflexión, la entonación, el lenguaje corporal tanto pueden aclarar como ocultar. Es lo no dicho lo que se dice más alto.

En los lenguajes del erotismo y el seco, estos atributos y opacidades alcanzan su más alto grado de complicada intensidad. Como he sugerido, no hay otro ámbito de la conducta humana en el que la fisiología presione tanto a la mente (una demarcación ya de por sí problemática y discutida). En el transcurso de las relaciones sexuales, el subconsciente se abre camino machaconamente hacia cada fibra de sensibilidad e impulso nervioso. La imaginación se hace carne, adquiere forma corporal, por citar la consumada expresión de Shakespeare, bodies forth. A su vez, la carne imagina y clama. Esto es encarnación y lo demás es cuento. La concordancia etimológica es engañosa, pero “semen” y “semántico” se unen en las emisiones, tanto corporales como lingüísticas. Ya he aludido a las partes “privadas” de la oración. Activan tanto el monólogo como el diálogo. Tanto el lenguaje habitual del onanismo como el de la relación compartida, a su vez un término de comunicación, alternan entre los encuentros diacrónicos y sociales, por una parte, y la referencia personal, oculta y singular, por otra. Es aquí donde florecen los “lenguajes privados”. El giro más manido y llanamente coloquial puede asumir una abundancia de comunicación secreta, de incitación hermética. La masturbación pone en escena las paradojas del soliloquio. Inaudiblemente o en voz alta, la corriente verbal hace implosionar voces, sonidos, metáforas, recuerdos y anticipaciones. Nos oímos a nosotros mismos en un complicado proceso de voyeurismo auditivo. En el caso de los semianalfabetos, esta condensación es previsiblemente un tanto trillada y repetitiva. Cuanto más rico es nuestro inventario léxico y gramatical, más inventiva es nuestra orquestación interior. Me refiero una vez más a los coruscantes virtuosismos del autoenvío erótico en las cartas de Joyce y en Ulises; pero John Cowper Powys, un “marturbador furiosamente inspirado”, apenas es menos dotado. Cuando están implicadas dos o más partes –la masturbación mutua es un tema perenne en el género erótico y en la pornografía– las variantes son demasiado matizadas y numerosas para enumerarlas (aunque Sade intenta precisamente hacer este índice exhaustivo, una obsesiva parodia de las enciclopedias de la Ilustración). Las parejas inventan sus dialectos particulares del deseo y la satisfacción. Sus lenguajes de alcoba proceden la mayoría de las veces de fuentes de carácter público, la imprenta y las técnicas gráficas. Pero si se dispone de recursos imaginativos puede asumir modos esotéricos, neológicos, totalmente privados. Las novelas de Updike tienen oído fino para estas compulsivas intimidades e invenciones del intercambio sexual. Los amantes se hacen regalos recíprocos que tienen un significado oculto. Dan nombre a los objetos y a las circunstancias que amueblan sus espacios en un adánico impulso de recreación. Literalmente ponen título a partes de sus cuerpos, a posturas sexuales, a las intimidades que preceden a la desnudez. Nabokov celebra estas palpitantes donaciones, en especial entre amantes cuyas lenguas maternas son distintas. El amante rogará a la persona amada que pronuncie estas palabras, aumentando la excitación. Hay un vertiginoso relato de este ritual en una obra de ficción de Edna O’Brien. Cuando el congreso sexual, una designación arcaica pero reveladora, se convierte en lo que los físicos denominan el irresoluble “problema de los tres cuerpos”, la confluencia del discurso privado y el público, del lugar común y la novedad, puede tornarse casi indescifrable. En el léxico y en la sintaxis –entretejidos y polisémicos– de los sonetos de Shakespeare hay momentos en los que una tercera voz parece entrometerse en la pareja, enriquecerla, pero también deconstruirla. Este juego se hace más polifónico por el notorio enmascaramiento del género o por sus ambigüedades. Contemplamos el pas de deux y de trois de grupos de palabras como spend, expend y expense en todo el tejido del verso.

Por tanto, todo lenguaje y subconjunto dentro del lenguaje vigoriza, narra, recuerda el sexo en su propia clave específica. Este procedimiento está en perpetuo movimiento; cambia constantemente. Hay incluso claras numerologías del eros. Considérese el significado de “69” en la alusión occidental moderna. Estas variables dan forma a todos los componentes de la relación íntima y de la verbalización sexual, ya sea privada o pública, solitaria o combinatoria. La seducción, la estimulación previa, el coito, el epílogo al orgasmo, el relato subsiguiente, interiorizado o expresado, difieren tanto como los mismos vocabularios y gramáticas. Cada lengua y estrato dentro de esa lengua trazará fronteras diferentes entre las expresiones adecuadas y las que son tabú, entre palabras nocturnas y usos lícitos. De una manera sutil pero imperiosa, segmentarán y marcarán el ritmo de la relación, del cronómetro de la excitación y la satisfacción masturbatoria o conjunta. Diferentes lenguajes y lenguajes dentro de lenguajes delinean, simbolizan, evalúan eróticamente diferentes partes y funciones del cuerpo en su propia perspectiva. Los nombran o los disfrazan en consonancia. La poesía renacentista detalla la corporalidad sexual humana; reside en les blasons du corps. Lo que en un sistema de actos de habla es una designación y desnudez permitida es algo oculto, incluso sacramental, en otro. En el ardiente centro de este laberinto están las asociaciones performativas entre la oralidad semántica y las múltiples prácticas del sexo oral. Las “lenguas” son esenciales tanto en el repertorio discursivo como en el fisiológico. Los labios desempeñan un papel decisivo en ambos. Los epigramas de Marcial son una guía a este quid híbrido. Discretamente veladas, las referencias cruzadas entre elocuencia y felación o cunnilingus refulgen en los sobrentendidos de la poesía barroca y libertina.



George Steiner
Fragmento de “Los idiomas de Eros”
En “Los libros que nunca he escrito”
(Fondo de Cultura Económica).

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Puro erotismo (fragmento) - Mempo Giardinelli



Puro erotismo
(fragmento)
Mempo Giardinelli



"Era un pusilánime. Hasta se sintió vulgar, despreciable, porque apenas la espiaba de reojo, como un voyeurista adolescente que miraba calzones en los tendederos y se masturbaba imaginándose los contenidos. Cerró los ojos con fuerza, y terminó el cigarrillo fastidiado consigo mismo, nervioso y ya casi convencido de que la batalla estaba perdida. Pero, ¿por qué? Si él tenía el sexo hecho un monumento al acero de doble aleación, y sabía muy bien cómo manejar a semejante muchacha, y la colocaría así, y le besaría aquí, y la acariciaría allá, y otro poquito así, y ay, a medida que se imaginaba todo, y la veía desnuda, encandilado por el brillo incomparable (seguro, debía ser así) de su sexo profundo, negro, vertical y jugoso como durazno de estación, a medida que fantaseaba se turbaba más pero también se dolía porque empezaba a pensar, a darse cuenta de que esos pechos magníficos, esa piel oscura y brillosa y como bañada en aceite de coco, esas piernas monumentales como obeliscos paralelos, no serían para él. Le empezó a doler la cabeza. Cerró los ojos y se dijo que lo mejor era dormirse. Llegarían a Nueva York al amanecer. "


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Lencería erótica




Lencería de guerra




Los encajes, los corsés, los portaligas, las medias siliconadas, toda la artillería de ropa interior con reminiscencias porno ha abandonado su escondite en casas especializadas y es incorporada por las marcas más caras y prestigiosas. Hoy está bien visto jugar por un rato a ser una chica mala.



Por Victoria Lescano
En Página12
http://www.pagina12.com.ar/1999/suple/las12/99-11-05/NOTA3.HTM


Las nuevas apuestas de las marcas de ropa interior dejan claro que las medias con portaligas ya no son exclusivas para emular las tardes prostibularias de Catherine Deneuve en Belle de Jour ni los conjuntos de animal print exclusivos de acosadoras sexuales de jóvenes a lo Anne Bancroft en El Graduado.
El diseñador Giorgio Saint Angelo, un italiano que creció en la Argentina, cuando en los setenta ingresó en la firma Dupont, intentó trasladar los maillots con tiritas que las brasileñas tomaron prestado de los bosquimanos en el mercado americano sin mayores resultados. Al tiempo que corsés y corpiños balconette en rojo carmín adornan vidrieras de lencerías locales con tal candor como si se tratara de inocentes pañuelos de mano, la tienda americana Victoria’s Secret incluyó modelitos de cola less en microtul de nylon en oposición a las trusas gigantes de uso habitual en las americanas, Gap los copió para su colección de básicos y en la Argentina hasta la firma local Sol y Oro, con tradición por bombachitas naif consideradas un éxito de ventas en lencerías de todo el país, incluye ahora modelos mínimos, cercanos a la estética de chicas vestidas para matar.
Otros indicadores del furor de la lencería erótica como parte del establishment de la moda son las camisetas en microtul de nylon, en versión de estampados animal o simplemente blancas o negras, y los soutiens modeladores y reductores, que en lugar del inexpresivo cotín de otros tiempos ahora ostentan combinaciones de encajes en degradé y transparencias con cristal Swarovski.
Buena parte de las prendas más seductoras de este siglo se deben al ingenio de Frederick Mellinger, un ex ignoto empleado de un estudio de cine que se inspiró en las batas de marabú y chinelitas haciendo juego que usaban las femmes fatales del celuloide. Su famosa tienda Frederik of Hollywood funciona como museo de la lencería y exhibe desde los corsés con puntilla con que Mae West subvirtió los códigos de moralidad de los cincuenta, bodies y bragas con agujeros en puntos estratégicos –una constante en los diseños de nuestra bizarra Encaje de medianoche– a las medias con red usadas por Madonna y los corpiños favoritos de Cher.
Su astucia comercial le permitió cautivar fetichistas de sitios tan remotos como Japón, Alemania y Sudamérica gracias al catálogo con el slogan “El estilo Hollywood es el que él adora” y sumar 68 tiendas en el territorio de Estados Unidos. Con una apuesta estética más elegante, la firma La Perla, creada en 1950 por Ada Masotti, es la mayor generadora de tendencias en el universo de la corsetería. En Internet promociona campañas encubiertas en tratados sobre el deseo acompañadas de ensayos fotográficos plagados de erotismo.

Rojo shocking
“Hoy los rojos son un clásico y dejaron de ser indicadores de un estereotipo de mujer, nosotros lo incluimos en todas las familias de productos, tanto en puntillas como en el algodón y es el tercer color en importancia en nuestra paleta después del blanco y el negro, aparece aun en pinceladas en los elásticos de las líneas más jóvenes. Al mismo tiempo cada vez hay más exaltación de las curvas y después de años de guiarme por una figura más andrógina tuve que agrandar las tasas de los corpiños para resaltar el busto”, cuenta Rosita Drescher, factotum de Caro Cuore.
Uno de sus grandes éxitos de ventas es la colección cristal, tejidos transparentes en tonos azulados, bordó y grises, que en el momento de su lanzamiento estuvieron a punto de provocarle una sublevación de representantes y vendedoras que en muchos casos se negaban a mostrarlos “porque parecía ropa para putas”.
“El corsé blanco es una de las prendas más compradas para seducir sin perder elegancia, muchas de sus usuarias son mujeres de cincuenta años y se los compran sin ninguna culpa”, agrega Drescher, quien cree que la nueva incorporación de modelos cola less en el mercado americano no responde a criterios de seducción sino simplemente “a que ellas buscan una prenda que no les marque y no conocen la tanga”.
En el último desfile celebrado por la marca en un salón del Hyatt se pudieron ver los primeros ejemplares de ropa interior sin costuras; una combinación de hilados Tactel con diseños minimalistas y corpiños bandeau –que francamente sólo sientan bien a las modelos– acompañados de pantalones y abrigos de nylon.

La cola argentina
Vanity Fair, la firma americana de ropa interior cuya licencia aquí está en manos del Grupo Conindar, decidió que al desembarcar en la Argentina debía cambiar el estilo romántico con camisones de Laura Ingalls y floripondios de moral victoriana, reemplazando las bombachas xxl por tangas y microbikinis más vinculadas con la compulsión por mostrar los glúteos de las mujeres criollas.
También apostaron a reemplazar la puesta en escena de los locales que en la sucursal de la Quinta Avenida simulan la intimidad hogareña mediante cajoneras con estampados de flores y papeles perfumados por vidrieras más abiertas y con las prendas más sexies en exhibición “porque con los nuevos hábitos de consumo la gente sólo va a pasear al shopping y se decide a entrar a un local si ve algo que le atrae demasiado como para justificar la compra”.
La diseñadora Viviana Lange, responsable de modificar el estilo y las nuevas colecciones de la firma, se refiere a las relaciones entre la moda y la segunda piel: “Siempre la ropa interior depende de lo externo, en los últimos años la moda de los pantalones de tiro bajo nos obligó a las marcas a modificar el diseño de bombachas que si uno mira hacia atrás en el calendario de la moda nunca antes habían sido tan derechas. Hoy uno de nuestros modelos más vendidos son las panties sin costura que desarrollamos en talleres que antes se dedicaban a la confección de medias. De la misma manera para acompañar el uso de la transparencias, se impuso llevar algo de puntilla debajo. Ahora cada vez más se usa que el bretel sea del mismo color de la remera y o, intencionalmente, en tonoscontrastantes”. Atentos a este último recurso otra de las novedades del diseño de ropa interior son las tiritas de corpiño que se pueden cambiar de acuerdo con el color del vestido que acompañan.
Lange ve en la avanzada de la artillería sexy una consecuencia de la evolución textil: “Muchas mujeres se inclinaban por el algodón sólo por sus cualidades de absorción y la nobleza para evitar irritaciones de la piel, pero esos beneficios ahora se logran con los nuevos materiales sintéticos, que permiten recurrir tanto a líneas muy simples sin costuras como a otras más sofisticadas, sin sacrificar comodidad”.
Como el fetiche más arriesgado de la colección destaca un corset con puntilla francesa y tul español, junto con panties cola less en estampado animal, que para ella van a parar a los cajoncitos del mismo perfil de consumidoras. Otras novedades en su bunker de Conindar, donde antaño funcionó la compañía RCA Victor, son conjuntos en tonos turquesas, fucsias y amarillos y un modelo de corpiño multifuncional, con la capacidad de que sus breteles se adaptan a cinco fórmulas de uso de acuerdo con el modelo de vestido.

La vuelta al fetiche
“Después de tanto minimalismo y furor de básicos se respira una vuelta al fetichismo y una mirada sobre la moda acompañada de más humor. Yo siempre traslado esas consignas como referentes estéticos a todas las producciones”, cuenta Andrés Pastor, responsable de la búsqueda de artillería para seducir que adorna las producciones de los fotógrafos Gabriel Rocca y Andy Cherniavsky. Así como en tiempos de sesiones sadomasoquistas ingenuas las modelos inventaban sus propios atuendos
(Bettie Page llegó a desarrollar una línea de ropa interior para las producciones en calesitas y parques de diversiones), él toma elementos de casas de strippers del Once como bombachas de cuero con corazones y la leyenda “facciamo l’amore”, panties con efigies de Papá Noel o una botella de champaña a modo de estampado que incluyen en sus trabajos para la revista DMode o los calendarios temáticos para el programa “Sábado bus”, donde las actrices locales mutan en mujeres pin up. También transforma conjuntos de feria americana de raso agregándole autitos de cotillón o alas para simulacros de colegialas, diosas de la aviación o mujeres cupido.
“Es gracioso porque muchos de los personajes que llamamos para las producciones después nos cuentan que los llamaron directores de cine para protagonizar personajes similares. La última fue la actriz Victoria Onetto, que luego de hacer una producción en un hotel alojamiento y con parafernalia sexy que transformé con conjuntos encontrados en una feria americana un director le ofreció hacer de actriz porno”, cuenta Pastor.

Las compulsivas
“Una vez me crucé con una compradora de la tienda Saaks en una feria de moda y al ver mis diseños me preguntó por qué gastaba puntilla en la cola, si total las mujeres allí no se miran. Me sorprendió muchísimo la observación porque mis clientas siempre me plantean lo contrario”, cuenta Karina Rabollini. La oficina del segundo subsuelo de Arenales al 1100 está decorada con muebles y estanterías de pino Oregon, muestrarios de sus emblemáticos tules en tonos de verde, bordó y beige con finos bordados y en un rincón un retrato de ella posando cual Venus de Botticelli con un traje que usó para un carnaval de Río y del que hace autocrítica argumentando que “hoy prefiero la pintura más austera”.
Desde que incursionó en el diseño de ropa interior para la firma Warners (la misma que en 1914 compró el primer modelo de corpiño, por entonces dos pañuelos con una cinta rosa a la joven americana Mary Jacobs por 1500 dólares), apuesta a básicos donde se imponen los materiales barrocos: gasas, encajes, bordados en hilos dorados constituyen su trade mark y ella cita como referente la estética impuesta por la marca italiana La Perla. Antes de lanzar un nuevo producto a la venta recurre a pruebas de uso ylavado, mediante muestras que son testeadas por ella y sus empleadas durante meses.
Para Rabollini la tendencia de la ropa interior cada vez más sexy es una consecuencia de la evolución textil: “Al incorporarse las transparencias la ropa interior pasó a ser más visible, se tiene más conciencia y cada vez más se compra ropa interior en casas especializadas. Cuando empecé con colores y me animé a diseñar una línea azul mientras que las demás marcas no salían del repertorio del blanco y del negro, los corredores la observaban escandalizados. Hoy esos conjuntos azules con bordados en marfil son mi caballito de batalla. Para la última en tonos coral con bordados me remití a los dictados en colores de Gucci y Prada porque la etiqueta en ropa interior impone que la diferencia cromática entre interior y exterior sea cada vez más invisible”.
Como éxito de ventas entre sus consumidoras destaca: “Tengo compradoras compulsivas de batas de gasa blanca, hay mujeres que empiezan llevando un corset y el portaligas de rigor y luego incluyen cada nueva variación que aparece en esa línea hasta volverse coleccionistas, y otras que compran el mismo modelo de corpiño en todos los colores disponibles”.


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Angel Gonzalez - “A veces”




Angel Gonzalez

“A veces”




Angel Gonzalez
Poeta, catedrático y ensayista español nacido en Oviedo en 1922.
Falleció en Madrid el 12 de enero de 2008.




Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba



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Angel Gonzalez - Los sábados


Angel Gonzalez
Los sábados



Las prostitutas madrugan mucho
para estar dispuestas...

Elena despertó a las dos y cinco,
abrió despacio las contraventanas
y el sol de invierno hirió sus ojos
enrojecidos. Apoyada
la frente en el cristal,
miró a la calle: niños con bufandas,
perros. Tres curas
paseaban.
En ese mismo instante,
Dora comenzaba
a ponerse las medias.
Las ligas le dejaban
una marca en los muslos ateridos.
Al encender la radio -«Aída:
marcha nupcial»-,
recordaba palabras
-«Dora, Dorita, te amo»-
a la vez que intentaba
reconstruir el rostro de aquel hombre
que se fue ayer -es decir, hoy- de madrugada,
y leía distraída una moneda:
«Veinticinco pesetas.» «...por la gracia
de Dios.»
(Y por la cama)
Eran las tres y diez cuando Conchita
se estiraba
la piel de las mejillas
frente al espejo. Bostezó. Miraba
su propio rostro con indiferencia.
Localizó tres canas
en la raíz oscura de su pelo
amarillo. Abrió luego una caja
de crema rosa, cuyo contenido
extendió en torno a su nariz. Bostezaba,
y aprovechó aquel gesto
indefinible para
comprobar el estado
de una muela careada
allá en el fondo de sus fauces secas,
inofensivas, turbias, algo hepáticas.

Por otra parte,
también se preparaba
la ciudad.
El tren de las catorce treinta y nueve
alteró el ritmo de las calles. Miradas
vacilantes, ojos
confusos, planteaban
imprecisas preguntas
que las bocas no osaban
formular.
En los cafés, entraban
y salían los hombres, movidos
por algo parecido a una esperanza.
Se decía que aún era temprano. Pero
a las cuatro, Dora comenzaba
a quitarse las medias -las ligas
dejaban una marca
en sus muslos.
Lentas, solemnes, eclesiásticas,
volaban de las torres
palomas y campanas.
Mientras
se bajaba la falda,
Conchita vio su cuerpo
-y otra sombra vaga-
moverse en el espejo
de su alcoba. En las calles y plazas
palidecía la tarde de diciembre. Elena
cerró despacio las contraventanas.

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Angel Gonzalez - Empleo de la nostalgia


Angel Gonzalez
Empleo de la nostalgia



Amo el campus
universitario,
sin cabras,
con muchachas
que pax
pacem
en latín,
que meriendan
pas pasa pan
con chocolate
en griego,
que saben lenguas vivas
y se dejan besar
en el crepúsculo
(también en las rodillas)
y usan
la cocacola como anticonceptivo.

Ah las flores marchitas de los libros de texto
finalizando el curso
deshojadas
cuando la primavera
se instala
en el culto jardín del rectorado
por manos todavía adolescentes
y roza con sus rosas
manchadas de bolígrafo y de tiza
el rostro ciego del poeta
transustanciándose en un olor agrio
a naranjas
Homero

o semen

Todo eso será un día
materia de recuerdo y de nostalgia.
Volverá, terca, la memoria
una vez y otra vez a estos parajes,
lo mismo que una abeja
da vueltas al perfume
de una flor ya arrancada:


inútilmente.

Pero esa luz no se extinguirá nunca:
llamas que aún no consumen
...ningún presentimiento
puede quebrar ]as risas
que iluminan
las rosas y ]os cuerpos
y cuando el llanto llegue
como un halo
los escombros
la descomposición
que los preserva entre las sombras
puros
no prevalecerán
serán más ruina
absortos en sí mismos
y sólo erguidos quedarán intactos
todavía más brillantes
ignorantes de sí
esos gestos de amor...
sin ver más nada.



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If you don't enjoy masturbation...




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Three hundred years of worry over that most personal of acts





The Curse of Self-Abuse
Three hundred years of worry over that most personal of acts



By Tony Perrottet
http://www.thesmartset.com/article/article03100801.aspx


Masturbation’s bad rap can be dated with surprising accuracy. Around 1712, a short, anonymous pamphlet called Onania began to circulate around the 2,000-odd coffee houses of London, published by the private press of one P. Varenne. Little did anyone know it would become history’s most successful advertorial. The pamphlet made the sensational claim that masturbation was responsible for a whole range of illnesses — from headaches to rheumatism, short-sightedness, bowel disorders, and gonorrhea — and that, left unrestrained, the habit would inevitably lead to a lonely and agonizing death. Up until this time, the world had been blissfully indifferent to the health risks of self-pleasuring; the habit elicited a few tut-tuts from the Church, but it was considered an insignificant and harmless vice. In fact, doctors since the Roman Galen had argued that the retention of sperm by males was physically dangerous and that females could also avoid hysteria and madness through auto—erotic release. But thanks to Onania, “self-abuse” would now and for centuries afterward be identified as European society’s most pernicious public health threat, a cancer that was eating away at the bodies of its youth.

In the best tradition of pop medicine, Onania identified both the disease and its instant cure: Concerned parents were advised to buy two miracle drugs from the publisher at the sign of the Seneca’s Head pub – “Strengthening Tincture” and “Prolific Powder.” It comes as no surprise to learn that these medicines, which would deaden any dangerous nocturnal urges, were rapaciously expensive at 10 shillings a bottle and 12 shillings a bag, respectively. (The price of about 300 cups of coffee at the time.)

The identity of Onania’s creator remained a mystery until 2002, when Berkeley scholar Thomas W. Laqueur traced the authors who had worked with the publisher Varenne before and fingered the unsavory London quack John Marten (1670-1737). This shadowy figure was a self-educated surgeon and medical huckster who had been clapped in irons for obscenity over a fanciful book on venereal diseases. Emerging undaunted from prison, he evidently knocked out his magnum opus Onania at the age of 42. (Marten took his title from the Biblical figure Onan, who “spills his seed on the ground” instead of procreating with his wife and is struck dead by a vengeful God. Although Onan’s sin might well have been coitus interruptus, or the withdrawal method, the pamphleteer insisted it was really masturbation.) Marten must have been a little surprised to find he had penned a bestseller; London was already flooded with pseudo-scientific claptrap, but his work tapped into 18th-century fears that the unbridled imagination, especially among children, could become a destructive force. He quickly expanded Onania into an 88-page tract, padded with soft-porn “testimonials” from readers that seemed mostly to involve attractive young women feverishly pleasuring themselves. Typical was the report from distraught parents of a comely village girl who had taken to self-abuse while alone on the farm at age 14, fell ill, then turned into a nymphomaniac. The harlot evidently died in hysterics at age 19 from an infected “gland” in her clitoris.

It was a winning formula. Onania went into 28 editions and was widely translated in Europe. The first pirated U.S. edition came out in 1724 in Boston, where an enterprising printer named John Philips lifted the text and sold it — no doubt along with the tincture — from a shop in his town house; a copy worked its way into the Monticello library of Thomas Jefferson, amongst other high places. In London, Onania stayed in print for 75 years, but its bleak influence would last far longer, provoking guilt and hypochondria for the next two centuries. In 1760, the celebrated Swiss doctor Samuel Tissot expanded on Marten’s ideas in his hugely successful book L’Onanisme, arguing that semen is “an essential oil” — one precious ounce is worth 40 ounces of blood, with terrible effects on the body if wasted — and that young women were in just as much danger from the deadly disease of “vulvovaginitis” as young men were from “spermatorrhea.” The fear of self-abuse provoked hysteria well into the early 20th century and produced some relics still with us today: Both graham crackers and the cereal Corn Flakes — concocted in 1894 by frenzied anti-masturbation campaigner, John Harvey Kellog (1853-1943) — were invented as a non-stimulating foodstuff to reduce the sex drives of the young. •


10 March 2008



SOURCES/FURTHER READING: Laqueur, Thomas W., Solitary Sex: A Cultural History of Masturbation (New York, 2003); Stengers, Jean and Van Neck, Anne, Masturbation: the History of a Great Terror (New York, 2001). (The full title of Onania is unwieldy, if bracingly blunt: The Heinous Sin of Self Pollution, and all its Frightful Consequences, in both SEXES Considered, with Spiritual and Physical Advice to those who have already injured themselves by this abominable practice. And seasonable Admonition to the Youth of the Nation of Both Sexes…)


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Honor code: please, masturbate in your own rooms!!!



Honor code: please, masturbate in your own rooms!!!







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Masturbacion femenina: me tomo cinco minutos...





Fragmento del articulo “Me tomo cinco minutos


Por Liliana Viola
Pagina/12


La flor de mi secreto

Alguien lo hace recordando a su amor, o a su suegro, a su propia hermana, a un ser que detesta, a un objeto cualquiera. No hay vicio mas atractivo o fácil de realizar, se puede cumplir sin ayuda de nadie, la oportunidad está siempre allí y es increíblemente fácil guardar el secreto. El secreto es en gran parte lo que ha convertido en centro de atención al onanismo, ya sea como condena o consejo. La masturbación ofrece a quien la practica liberación de vergüenza, culpas y restricciones; los tímidos y las tímidas pueden encontrar el orgasmo; las mujeres pueden usarla para combatir fuertes deseos que las llevarían a brazos equivocados, esquivar el diálogo, el seducción y hasta el chateo virtual. Quien lo haga estará repitiendo un acto milenario del cual dan muestras vasijas griegas donde sátiros o cabras humanas con penes más largos que el propio cuerpo aprietan con las dos manos y frotan. O un porción menor de vasijas donde las mujeres sonríen mientras se sientan sobre penes sin dueño.

La masturbación es un acto impune, “atroz comercio con uno mismo”, no tiene la condena de la sodomía o el sexo en la vía pública. Sexualidad pura, mientras tanto. Por esta misma razón, los males pesan en la conciencia de quien hoy se masturba aunque presume que pierde el tiempo, pierde la práctica de hacerlo con otro, pierde control, capacidad de acción, contacto con el mundo de las acciones reales y redituables. Definitivamente ser un pajero o una pajera no es un don. No importa. Ahora mismo alguien lo hace como en la novela de Charly Feiling como parte de una rutina, entre el lavado de dientes y el desayuno. Alguien se masturba por primera vez, alguien lo deja para más tarde porque otro pensamiento ocupó el sitio. Se masturba contenta porque libera toxinas, relaja los músculos y se realiza como ser sexuado. Alguien se masturba con alguien, o por la curiosidad que le provoca un vibrador recién llegado de Alemania que tiene 10 funciones, totalmente realizado en material Cyber-Skin, con nervaduras y tonalidad de réplicas de un actor porno famoso.

Así es, en este comienzo de siglo conviven personas que consideran que masturbarse es autorrealización con aquellos que pueden recordar las advertencias sobre pelos y otras marcas que sus mayores les transmitieron. Porque la masturbación es la sexualidad de la modernidad, y de la burguesía que la creó. La primera sexualidad verdaderamente democrática, que alcanza a todos sin distinción alguna.


Mejor sola

Las mujeres, siempre ausentes, pueden sentirse afortunadas. La masturbación las puso en la mira. En el siglo XIX un manual para padres recomendaba duplicar la vigilancia de las niñas a la hora de dormir. En general parece que nada sucede pero un observador cuidadoso puede detectar el vicio y actuar en consecuencia: “Notará que apenas entra en la cama parece la niña sumida en un sueño profundo. No hay que dejarse engañar. La marcada exageración con la que finge dormir puede quedar en evidencia despertándola y percibiendo la transpiración, que no se debe al calor de la frazada. Vea que tiene el pulso intenso y acelerado”.

Para los hombres del Iluminismo, para Tissot en especial, el peligro mayor estaba en las damas. Porque “las casadas, para quienes lo erótico supera lo afectivo y no están satisfechas por sus maridos, se masturban; las mujeres que temen tener hijos, se masturban; las que se sienten víctimas del sexo, al que sienten como atributo masculino, se liberan así”. A fines del siglo XIX la masturbación femenina, sobre todo si se trataba de mujeres inteligentes, era considerada causa eficiente de los pedidos de divorcio.

Cuando más adelante la sufragista Edith Watson (1888-1966) reconocía que la libertad en materia sexual era un imposible ya que la abstinencia también lo era, se hizo escuchar la voz de Stella Browne (1880-1955), librepensadora socialista, radical sexual, militante por el control de la natalidad, acusándola de hipócrita. Es emblemático el texto de Browne por su defensa encendida de la masturbación –ese espantapájaros construido desde la medicina– como punto medio entre abstinencia y exceso. La defensa de la masturbación femenina, que define muy temprano el lugar del placer separado de la reproducción e incluso del cuerpo del otro, está en el origen de los discursos sobre la diversidad.

Otra vez, para qué negarlo, se ha estado hablando de sexo. Vueltas concéntricas sobre el punto. Si algún fragmento de todo lo anterior ha llegado a producir excitación o ha dado ideas, no debe considerarse mérito ni falla de nadie, sólo parte de una vieja tradición.



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Historia Cultural de la Masturbación: de culpable a inocente





Una Historia Cultural de la Masturbación
De culpable a inocente



Por Andrea Blanqué

Viernes 14.12.2007
El Pais, Montevideo, Uruguay
http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/07/12/14/cultural_319284.asp
THOMAS LAQUEUR es un historiador especialista en temas como el cuerpo y la sexualidad, que ya había deslumbrado a los lectores en español con su libro La construcción del sexo, (Cátedra, 1994), un fascinante texto que recorría -desde Galeno a Freud- los discursos y retóricas que se han construido con respecto a la diferencia sexual con total prescindencia de los hechos.

Ahora llega a los castellanoparlantes a través de Buenos Aires y el Fondo de Cultura Económica, Sexo Solitario (traducción de Solitary Sex A Cultural History of Masturbation, Zone Books/MIT Press, 2003), un libro repleto de notas y profusamente documentado sobre la forma de sexualidad tantas veces secreta pero común: la masturbación.

Sexo solitario es, como el subtítulo lo indica, "Una historia cultural de la masturbación". Pero, contrariamente a lo esperado, no comienza con los griegos, ni con la Biblia y su famoso Onán, sino "alrededor de 1712". Fue por esta fecha que se publicó en Inglaterra un breve libro, o mejor dicho, una suerte de panfleto que pretende ser un tratado con el extensísimo título de Onania o El atroz pecado de la autopolución y sus terribles consecuencias, indagado en ambos SEXOS, con consejos espirituales y físicos para aquellos que se han dañado con esta abominable práctica. Y una provechosa admonición a la juventud de la nación de ambos sexos. Su autor es anónimo, aunque Laqueur concluye que seguramente fue escrito por John Marten, un cirujano y charlatán, autor también de pornografía soft.

Este oscuro inglés del Siglo de las Luces inventó el concepto de "vicio solitario", la idea de que el autoerotismo es una enfermedad con consecuencias terribles para el individuo. Onania... es el texto fundacional de una larga tradición médica que llegó a sostener durante mucho tiempo que el sexo consigo mismo causa ceguera o locura, tradición que si bien a comienzos del siglo XX, con el progreso de la medicina no se pudo sostener, transformó la "patología" en una "falla moral" y "psicológica" de graves consecuencias.

Paradójicamente, el siglo XVIII es el siglo del placer, el siglo de la pornografía, (es el siglo de Sade, por ejemplo, aunque Laqueur prácticamente no lo cita). El historiador tiene una respuesta a esta estigmatización del sexo solitario: "La masturbación es la sexualidad de la modernidad y de la burguesía que la creó. Es la primera sexualidad verdaderamente democrática". Pero "el proyecto iluminista de liberación hizo del acto más secreto, privado, aparentemente inofensivo y más difícil de detectar el eje de un programa para controlar la imaginación, el deseo y el yo liberados de su propia modernidad".

Buen negocio. El citado opúsculo Onania... surge en un siglo XVIII inglés lleno de libros que se imprimen, de panfletos, de propaganda impresa, de periódicos. Es un verdadero boom. Todo ello se consume en tabernas o en cafeterías. Pero no sólo se vendían libros entre sus concurrentes. También hubo un auge en la venta de las pócimas, de los medicamentos.

Así, el autor de Onania... y creador del "vicio", de la concepción de la masturbación como enfermedad grave, es también un hombre con olfato para el dinero, pues mientras denuncia los daños físicos brinda la sugerencia de cómo combatir el "mal" desde un punto de vista médico. Él, por supuesto, tiene los remedios preparados.

Esas pociones realizadas por curanderos y cirujanos se vendían también en librerías. Pero el dinero no le llegó al anónimo autor de Onania... tanto por la venta de pociones como por la venta del propio librito, que pronto se convirtió en un éxito editorial avasallante, y que se reimprimió sucesivas veces. Con la interesante variación de que las reediciones incluían cartas de los lectores donde contaban su propia experiencia con la masturbación.

Laqueur asocia este texto pseudomédico con la pornografía soft. De hecho, si efectivamente su autor fue John Marten, ya había estado preso acusado de degenerado. Autor y mercado se buscan y alimentan mutuamente: a los ejemplos que pone su autor (historias de monjas con clítoris agrandados, consejos sobre secreciones del pene) se suman las cartas publicadas de chicos y chicas contando sus menudencias sexuales y recibiendo reproches. Laqueur tiende a pensar que había un debate público, que aquello se leía con avidez. Los detractores de Onania... acusaron a su autor de que "seguramente" practicaba aquello que denunciaba como tan abominable.

Masturbación y alta cultura . El humilde opúsculo Onania... catapultó el "vicio", y el neologismo (utilizar el nombre bíblico de Onán para la práctica sexual solitaria) a las célebres enciclopedias del siglo XVIII. De las tabernas, la polémica y la maldición saltó a la alta cultura. No se sabe cómo Onania... cruzó a Francia, pero consta que el famoso médico iluminista Tissot tenía en su biblioteca la edición número 17 del librito, y que a su vez escribió otro libro titulado El Onanismo o "disertación física sobre las enfermedades producidas por la masturbación". Esta obra constituyó a su vez una sensación editorial en toda Europa y, como best seller, sólo puede comparárselo en el siglo XVIII en popularidad a La Nueva Eloísa, de Rousseau.

Las opiniones de Tissot contra la masturbación le vinieron muy bien a Voltaire en su virulento anticlericalismo. El célebre filósofo atacaba el celibato de la iglesia como conducta antinatural y causa de que monjes, monjas y sacerdotes se masturbaran, pero también estaba convencido de que la masturbación surge del "perverso amor a sí mismo". También Rousseau condenó largamente el autoerotismo en el Emilio -otro best seller- y abrió el camino hacia una nueva culpa en la Humanidad. De forma significativa, Rousseau y el médico Tissot intercambiaron sus libros recién impresos e hicieron causa común contra un vicio que cincuenta años atrás no era comentado por nadie.


Furor decimonónico

La tecnología del siglo XIX creó una parafernalia de objetos para evitar que las personas se masturbaran: alarmas de erección, cápsulas para el pene, mitones para dormir, y trabas para evitar que las jóvenes abrieran las piernas. Durante el siglo XIX los educadores advertían a los padres que tenían que controlar en los hijos tal práctica y se aconsejaban inspecciones sorpresivas en los dormitorios de los colegios.

Los mismos censores de tal conducta reconocían que era difícil de controlar, porque a diferencia de los otros, se practica en secreto y a solas. Mientras que los otros vicios pueden ser públicos y ser objeto de oprobio social, la masturbación ocurre adentro del individuo, llevado por lo más íntimo: la imaginación.

Kant fue un virulento detractor de la masturbación. Sostenía que era aún peor que el suicidio, porque éste viola la ley de preservación individual y aquella la preservación de las especies. El racista Wagner decía que el arte de los judíos era masturbatorio porque se refería únicamente a ellos mismos.

A comienzos del siglo XX, la ciencia comenzó a demostrar que los peligros orgánicos de la masturbación eran parte de supersticiones y del folklore. Las enfermedades atribuidas a la autoestimulación erótica (se le llegó a atribuir hasta la tuberculosis) eran producidas por otros agentes: bacterias, por ejemplo. Asimismo, desde la antropología, la zoología, etc. se demostraba que masturbarse era una práctica natural y universal: lo hacían todos los animales, desde los monos a los osos, y lo hacían todos los pueblos, desde los chinos a los egipcios. Y lo más importante: lo hacían los hombres, y también mujeres.

La culpa y Freud . Entonces, cuando ya la medicina estaba por indultar a la masturbación de todas las oscuras culpas, surgen Freud y el psicoanálisis para darle un viraje intelectual al problema: la masturbación era la forma fundacional de la expresión sexual, perfectamente natural y apropiada para una etapa del desarrollo, pero que había que abandonar en el proceso de convertirse en adulto, encauzándose así la sexualidad hacia la civilización. Lo que era normal en la infancia debía ser abandonado para ir en una dirección precisa y adecuada.

Laqueur considera que esta posición tuvo incalculables consecuencias en la construcción de la culpa, perjudicando sobre todo a las mujeres que -según el médico vienés- en el proceso de dejar de ser niñas debían abandonar no sólo la masturbación sino el órgano que les daba placer para sustituirlo por la vagina y hacer las paces con la sociedad. Según Laqueur, la posición del oscuro autor de Onania... que condena la masturbación se introduce así en la teoría psicológica más influyente del siglo XX.

Por supuesto que la freudiana fue una postura debatida y descalificada a lo largo del siglo XX. En los años 50, el informe Kinsey demostró que la masturbación era algo sumamente común. Y con los trabajos de Masters y Johnson de la década del 60 indirectamente se rehabilitó, desde una perspectiva fisiológica, la masturbación femenina.

Los movimientos feministas de los años 70 y décadas sucesivas, y varios sectores del movimiento gay, entienden la cuestión de la masturbación como parte de una política sexual, que lejos de ser algo abyecto y vergonzoso, estimula la libertad, la autonomía y la transgresión del statu quo. El libro más representativo de esta vasta nueva literatura defensora de la necesidad de reescribir la historia freudiana es Nuestros cuerpos, nuestras vidas (1971), producido por feministas bostonianas, y que sigue vendiendo millones de ejemplares aún en el siglo XXI: sólo en 2002 se vendieron 4 millones de copias en 16 lenguas.

El vicio que tanto aterrorizaba a Rousseau ahora se lo asocia con el autoconocimiento, el descubrimiento de sí mismo y el bienestar espiritual. A partir de la década del 90 la industria de los sex shops y sus artículos pro masturbatorios manifiestan un crecimiento sostenido. El autoerotismo tiene una presencia contundente en la web, con miles de exitosos sitios y, sin duda, la masturbación ha quedado muy bien parada a partir de la epidemia del Sida, como una opción saludable y una alternativa genuina a las normas heterosexuales.

Arte y autoerotismo. Uno de los momentos más apasionantes del libro de Laqueur es el capítulo "El sexo solitario en el siglo XX", donde explica que si bien quedó demostrado que la masturbación no mata, mutila o deja ciegos o locos a quienes la practican, continúa siendo, gracias al psicoanálisis, la culpa central. De Onania... a Freud hay dos siglos, pero también un paso: la masturbación seguía siendo "el otro", rival del coito convencional y legítimo.

Laqueur hace un itinerario por el siglo XX buscando a aquellos que entendieron la masturbación de una manera diferente a Freud y sus poderosos seguidores. Y sabe que quien puede dar la clave de la rehabilitación de la masturbación frente a ese continuo Onania-Freud, es el arte.

El artista por excelencia que hace de la masturbación centro y clave de su obra es el también vienés Egon Schiele, quien en los años anteriores a su repentina y prematura muerte en 1918 pintó numerosos cuadros -muchos de ellos autorretratos- con imágenes sensuales de autoerotismo. A diferencia de los cuadros eróticos del siglo XVIII, donde la masturbación especialmente de las mujeres era recreada para el voyeur, Schiele representó visualmente mujeres que muestran sus genitales y se masturban mientras miran al espectador con mirada penetrante, dueñas de sí mismas, gozando de autonomía sexual.

Laqueur llega a recorrer las performances e instalaciones del arte contemporáneo donde es valorizada la masturbación. El ejemplo más llamativo es Seedbed, del artista Vito Acconci, que en 1972, en una galería de Nueva York, se acostó debajo de una rampa y cuando sentía los pasos de los visitantes se masturbaba, transmitiendo sonidos por unos parlantes. Laqueur culmina su panorama con la obra de artistas gay, continuadores del homoautoerotismo de Walt Whitman, que creen que la masturbación crea el tipo de yo que puede vivir éticamente en el mundo social.


Vieja como el mundo
LA MASTURBACIÓN no era algo que preocupara demasiado, según Laqueur, a los antiguos. Se la tomaba a broma. Y la masturbación femenina prácticamente no era citada, porque la sexualidad que verdaderamente importaba en el mundo grecorromano era la de los hombres.

En un mundo en donde los hombres tenían posibilidades de desarrollar una conducta sexualmente excesiva (con esclavos de ambos sexos, prostitutas, etc.) la masturbación era considerada de menor importancia. Lo que se exigía de estos hombres con tendencia al exceso no es que no se masturbasen, sino que no se excedieran. Los esclavos, en cambio, eran masturbadores por excelencia, porque, a diferencia de los hombres de clase alta, no tenían a disposición una gran oferta sexual. La elección del compañero adecuado al estatus era lo que importaba.

Hay pocas representaciones de autoerotismo en las vasijas griegas, aunque los griegos imaginaron sátiros en abundancia. De ellos sí se podía esperar la masturbación dados sus enormes genitales, su apetito insaciable y su poca educación. El mito de Pan que persigue a la ninfa Eco, que no correspondía a su amor, cuenta cómo Hermes se compadeció de su hijo y le enseñó la manera de autoaliviarse. Por su parte Pan se lo enseñó a los pastores para sobrellevar una vida tan solitaria.

En cuanto a la Biblia, nunca se sabrá exactamente qué fue lo que hizo Onán para que su nombre se asociara eternamente a la práctica del autoerotismo. En verdad, si se revisa el Génesis, 38-8, se advertirá que Onán en realidad al "derramar su semilla en la tierra" practicó el coitus interruptus, no la masturbación. Evitó así dejar embarazada a Tamar, la mujer de su hermano muerto, tal como se lo había pedido Judá, su padre, para continuar la descendencia. Los rabinos discutieron a lo largo de siglos qué había sucedido con Onán que había enojado tanto a Dios hasta el punto de matarlo, pero hablaron bien poco de la masturbación. Ni siquiera tenían palabra para describirla.

La Edad Media no pareció tampoco muy preocupada por el sexo solitario. Había otros aspectos de la sexualidad que amenazaban el orden divino: el incesto, el bestialismo, la fornicación y, sobre todo, la sodomía. También los preocupaba el control de la natalidad y el aborto. La masturbación era vista como preámbulo a lo que realmente aterraba: el problema no era el sexo consigo mismo, sino el sexo con otro que no fuera una mujer en el caso de los clérigos.

Con la Reforma, en el siglo XVI, se insistió en el peligro de la sodomía entre el clero supuestamente célibe y las comunidades monásticas. La Iglesia estaba muy preocupada por el deseo homosexual. Los pecados que importaban eran aquellos que tenían una consecuencia social.

En 1625, Robert Burton utiliza la palabra masturbation, que no se escuchaba en la cultura desde Marcial en su libro Anatomía de la melancolía de hace mil quinientos años. Allí recomienda la práctica a las viudas -enfermas de melancolía- como cura. Las mujeres de Burton estaban enfermas, no por masturbarse, sino por falta de sexo.

Pero apenas un siglo más tarde, en 1712, el sexo solitario pasó de ser una instancia más en un conjunto de impurezas, a ser la vedette de pecar contra la moral y la naturaleza.



Libros peligrosos

CUANDO se produjo la revolución de la lectura silenciosa, cuando los libros se difundieron y leer a solas en la cama fue un placer solitario, muchos acusaron a las novelas de ser peligrosísimas: eran un contrapunto de la masturbación. Para Laqueur, la imaginación es el gran villano del vicio solitario a partir del siglo XVIII, y no puede dejar de asociarse a la lectura. El sexo solitario y la lectura causaban adicción, según muchos, con las mismas secuelas: nervios sobreexcitados, visión borrosa.

Rousseau habló de los libros peligrosos, de los libros para leer con una sola mano. De aquellos libros que excitaban las fantasías sexuales que luego se saciaban con la masturbación, que a sus ojos era horrorosa.

Las mujeres jugaron un papel fundamental en esta asociación autoerotismo-lectura porque fueron las grandes consumidoras de novelas. En el siglo XVIII surgió una tradición visual de cuadros con mujeres que se masturban y languidecen mientras han dejado caer un libro que permanece abierto. Laqueur incluye en su volumen reproducciones de pinturas y grabados del siglo XVIII y XIX donde la imagen femenina lánguida y sensual tocando sus genitales se asocia a la siempre peligrosa Literatura.



SEXO SOLITARIO. UNA HISTORIA CULTURAL DE LA MASTURBACIÓN, de Thomas W. Laqueur. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2007. Distribuye Gussi. 502 págs.
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Onania (Sculpture)

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Master of his domain - Tom Morton


Master of his domain
Tom Morton




Australian Review of Public Affairs
The University of Sydney
16 May 2005
http://www.australianreview.net/digest/2005/05/morton.html

One Saturday afternoon not long ago, I happened to be in the local supermarket, waiting in line with my trolley, and idly scanning the magazines arrayed at the entrance to the checkout. ‘Deadly Diets!’ trumpeted one, above a triptych of emaciated models and pubescent pop stars. Another promised to reveal yet more shocking details of plastic surgery gone horribly wrong. I turned from this depressing prospect to see a young woman striding past, wearing a T-shirt with the legend: ‘Masturbation is not a sin—A public service announcement brought to you by Porn Star’. This cheery inscription made a stark contrast with the gloomy warnings of the magazines. ‘Just do it!’, it seemed to proclaim, ‘it’s harmless, wholesome—and non-fattening!’.

The T-shirt might not have caught my attention so readily had I not been reading Thomas Laqueur’s Solitary Sex: A Cultural History of Masturbation. As Laqueur demonstrates, masturbation has come a long way in the last two-hundred-odd years. At the height of the Enlightenment, Immanuel Kant proclaimed it the worst conceivable defilement of a person’s humanity, worse even than suicide. For Woody Allen, two centuries later, it was simply ‘sex with someone I love’; and it’s only a small step from there to a slogan which sells T-shirts.

Yet the story Laqueur tells is not simply one of emancipation, of self-pleasuring’s liberation from medical and moral strictures. In his account, masturbation is the ‘sin of the moderns’ par excellence. In the early 18th century, this previously obscure and insignificant vice embarked on a dazzling new career. Thanks to one or two energetic anonymous pamphleteers, and a succession of respectable physicians who took up the cause, ‘filthy Commerce with oneself’ became a central preoccupation of Enlightenment philosophers such as Kant. Masturbation moved from the ‘distant moral horizon to the ethical foreground’ (p. 18). It is at the centre of modern understandings of sexuality, from Rousseau to Freud, and at the same time inextricably entwined with the development of ideas of the self and self-cultivation.

A small example may help to illustrate how much of a shadow masturbation was casting over the inner lives of individuals by the late 18th century. In the spring of 1784 the German writer, explorer, and naturalist Georg Forster set off on a journey from Kassel to Vilnius, in what was then Polish Lithuania. Forster had been offered a professorship in natural history at Vilnius, and was on his way there to negotiate the terms of his contract. Before leaving he had become engaged to Therese Heyne, the daughter of one of the most eminent classical scholars of the German Enlightenment. The journey would take him through the Harz mountains and then to Vienna, where he met the Emperor and flirted with a number of the most eligible young women in Viennese high society.



Masturbation is the ‘sin of the moderns’ par excellence.

Along the way he kept a journal—nothing unusual for the time, when diaries and letters were public documents passed around amongst circles of friends and often written quite self-consciously with an audience in mind. But one aspect of Forster’s journal is somewhat surprising. Along with details of what he has for breakfast each morning—raspberries and milk, usually—the geological formations he sees and who he meets each day, he meticulously records each time he masturbates. Sometimes the entries are confined to a single word—Onanie—but more often they describe at some length the inner struggles which precede the act.

Laqueur does not mention Forster’s journal, and he may not know it (though he seems to have read everything else even remotely associated with masturbation, as the book’s 70 pages of footnotes attest). But if he did, he would almost certainly see it as further proof of his central thesis: that Forster and his contemporaries inhabit an historical moment crucial to the shaping of modern attitudes to masturbation, and indeed to the development of modern sexuality per se.

It’s unlikely that Forster himself had read the foundational text of modern attitudes to masturbation, Onania or the Heinous Sin of Self Pollution and all its Frightful Consequences, a short tract published by an anonymous author in London around 1712. Onania quickly became a minor sensation. Its publisher plainly understood the value of vertical integration, and was soon marketing medicines and tinctures to combat the effects of the heinous sin. Laqueur describes Onania and the many imitations which quickly followed it as a ‘shameless effort to invent a new disease and at the same time offer its cure at a steep price’ (p. 16)—an innovative business practice not unknown in our time.

His larger point is that masturbation had generally been regarded as a rather harmless and insignificant vice until the early 18th century. Both medicine and theology had considered it a victimless crime, if they considered it all. Even the biblical Onan who spilled his seed on the ground instead of inseminating his dead brother’s wife was ‘probably not a masturbator at all’, Laqueur tells us (p. 20). But Onania set in train a medical and moral avalanche which would gather force and momentum as the century progressed.

By the time Forster was writing his journal, masturbation had moved from the margins into the medical mainstream. In 1760 Tissot, one of the century’s most famous, influential and respected physicians had published L’Onanisme (1760). It was, says Laqueur, ‘a genuine bestseller’ and was translated into all the major European languages.



Onania set in train a medical and moral avalanche.

In 1762, Tissot sent a copy to Rousseau, who had just published Emile, one of the canonical texts of the Enlightenment. In Emile Rousseau wrote that if an adolescent male ‘were to know even once the dangerous supplement … the most disastrous habit to which a young man can subjugate himself … he would be lost’. Rousseau and Tissot made common cause against masturbation; and according to Laqueur, nowhere did their pronouncements find a bigger audience than in Germany. Although the young Georg Forster almost certainly had read Emile, if not Tissot’s work as well, moral panic about masturbation and its effects on a person’s physical and moral constitution was widespread by the time he embarked on his journey to Vilnius.

But why? If, as Weber argued, one of the qualities which contributed to the rise of the Protestant middle classes was their capacity to delay gratification, then this is a truly Protestant book. Laqueur tantalises and teases us for nearly three hundred pages before he finally offers us his explanation for the centrality of masturbation in modern discourses about sex and sexuality.

When it comes, it’s an impressive thesis. Masturbation, says Laqueur, is the ‘evil doppelgänger of modernity’ (p. 419), the ‘dark underbelly of a new social and cultural order’ (p. 249). It represents the shadow side of the Enlightenment, bourgeois society and market capitalism—a realm of secrecy, excess and imagination. These three distinctive features of solitary sex fuel the moral panic about masturbation which reaches its crescendo in the late 18th century. Masturbation became ‘emblematic of all that was beyond social surveillance, beyond the disciplines of the market, all that threatened a well-ordered world’ (p. 277).

Masturbation is a threat to the disciplines of the market because it offends against the laws of supply and demand. Sex between two individuals is governed by availability and desire, by ‘a calculus of pleasure and pain that involved others’ (p. 289). Masturbation, by contrast, is a little like The Magic Pudding: a limitless resource. As Mandeville, the author of the famous Fable of the Bees put it, ‘the privacy, safety, convenience and cheapness of this gratification are very strong motives’. But because masturbation is not just cheap but free, it cannot be ‘prudently managed’.

At a larger level, anxiety about ‘filthy Commerce with oneself’ reflects ambivalence about the nature of capitalism itself. The new bourgeois culture of the 18th century, was permeated by an ethic of self-government, of thrift, restraint and self-control. But the new economic freedoms which this same bourgeoisie pursued seemed to lead in the direction of excess, of an economy which ‘depended on the desire for more and always more’ (p. 277). Laqueur makes some fascinating connections between the expansion of credit in the 18th century, which ‘magically promised undreamed-of abundance’ (p. 279), and a mounting cultural obsession with masturbation—an apparently endless line of sexual credit repayable to no-one.

Laqueur makes similarly compelling arguments about masturbation’s ambivalent relationship to imagination and the social contract. Its private, secretive nature was at odds with an age that sought to create citizens and nurture civil society. A domain of sexual fantasy which could be acted out and consummated without the involvement of another human being was abhorrent to the prophets of Enlightenment. It represented a kind of internal frontier, a ‘realm of privacy into which the civilising process could not reach’ (p. 232).



Masturbation is a little like The Magic Pudding.

This, perhaps more than anything, explains Kant’s extraordinarily violent condemnation of the vice which he thought ‘indecent even to call … by its proper name’ (p. 59). In Kant’s famous definition, marriage was a contract between two people for the mutual use of the sex organs; but one which required both partners to treat each other as an end rather than a means. But masturbation, in Kant’s view, necessarily involves using oneself as an object for one’s own pleasure. It is a self-enslavement, a reversal of the very process of Enlightenment itself. As such, it amounts, in Laqueur’s formulation, to an ‘abandonment of both reason and society’ (p. 60).

The claims which Laqueur makes for masturbation are very ambitious. It’s no accident, he tells us, that Onania was published in the same decade as Daniel Defoe’s first novels and the first stock market crashes. Onanism’s rise to infamy coincides with the birth of modern capitalism, and the emergence of the quintessential political problem of liberal capitalism: the relationship between the individual and society. As Laqueur says, Defoe’s most famous creation, Robinson Crusoe, has been regarded as ‘the prototypical modern homo economicu’, a man free from social and moral constraints (p. 269). The moral dangers of Crusoe’s world, where he lives completely free of the responsibilities of the citizen, are ‘the moral dangers of the masturbator’ (ibid).

In our own era, this equation has become reversed. The sexual revolution of the 1960s and 70s freed masturbation from the shackles of the Enlightenment. Solitary sex became an act of insurrection against patriarchy, ‘a way of reclaiming the self from the regulatory mechanisms of civil society’ (p. 277). If Jim Morrison led the way, more recently it’s been women who have made masturbation part of the repertoire of an assertive, autonomous sexuality. Whether it’s the Divinyls’ Chrissie Amphlett proclaiming ‘I don’t need anybody else’ in their 1980s hit I Touch Myself, or more recently country singer Lucinda Williams moaning into the microphone in a heavy Southern drawl—or black female R&B artist Tweet pretending to pleasure herself in front of a mirror—there can be little doubt that sisters are doing it for—and to—themselves.

And yet, there are some striking parallels between the cultural anxieties of our own times, and those of the late 18th century, the ‘Golden Age’ of moral panic about masturbation. A number of recent books have explored the social consequences of excess and over-consumption in the era of global capitalism, from Robert Frank’s Luxury Fever. Why Money Fails to Satisfy in an Era of Excess, to Clive Hamilton’s Growth Fetish, which explores many of the same issues as Frank’s in an Australian context. Central bankers, Treasurers, and the high priests of economic orthodoxy in the economic think-tanks have developed a new, moralising discourse about credit, and our over-reliance on it. In the realm of popular culture, there’s the (in)famous episode of Seinfeld, in which Jerry, Kramer, Elaine and George compete to see who can remain ‘master of his domain’—in other words, who can go longest without masturbating. These four deeply narcissistic and dislikeable individuals are everything the good citizen is not; they live in a solipsistic, self-obsessed world, a domain of childish fantasies and selfish pleasures. Yet we can’t help being fascinated and amused by what we recognise as our own anti-social tendencies writ large.

In the early 21st century, however, masturbation is no longer the prism through which these cultural anxieties are usually refracted. One might argue that food has replaced sex as the arena in which new regimes of self-government and self-surveillance are acted out. But that, as they say, is another story.




Tom Morton is the author of Altered Mates: The Man Question (Allen&Unwin, Crows Nest, NSW, 1997). He is currently writing a novel based on the life of Georg Forster.




REFERENCES
Frank, R. 1999, Luxury Fever: Why Money Fails to Satisfy in an Era of Excess, Free Press, New York.
Hamilton, C. 2003, Growth Fetish, Allen&Unwin, Crows Nest, NSW.



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Ropa interior - Objeto del deseo


Ropa interior
Objeto del deseo



Por Michelle Hafemann
En “Revista Patrimonio Cultural” Segunda Piel
Año IX, otoño 2004, Nro 31



Las prendas íntimas femeninas han sido, al mismo tiempo, enigma y fantasía. Nunca el hombre se había preocupado tanto de lo que se escondía bajo los trajes de las damas hasta que éstas comenzaron a cubrir sus partes pudendas con ropa interior. Después vinieron los corsés, los miriñaques, los polizones y, mucho más tarde, los sostenes, todos elementos que no hicieron más que alimentar el valor erótico de la lencería.


Hasta que las mujeres comenzaron a preocuparse de la ropa interior, nadie le había otorgado demasiada importancia a esas prendas que iban debajo de los trajes y cumplían la única función de servir de abrigo. Pero, hacia mediados del siglo XIX, cuando la lencería comenzó a recibir atención por sí misma, junto con abrirse un nuevo nicho en el mercado del vestir, se inició una polémica que se arrastra hasta nuestros días.

Si bien desde sus orígenes la ropa interior adquirió un valor erótico, su masificación responde a fines higiénicos. Sucedía que, bajo los trajes, las damas no llevaban más que una camisola confeccionada en lino o algodón, de corte recto y amplio hasta las rodillas. Sobre ella, a partir de la cintura, iban las enaguas, las que servían esencialmente de abrigo. Sin embargo, a principio del 1800, se introducen al vestuario femenino los calzones.

Como todas las prendas de ropa interior que irían apareciendo, los calzones fueron inicialmente usados por las damas bien. Para mantener el recato, su largo no debía extenderse por debajo del vestido. Esto se debía a que, revelar partes de la ropa interior es un gesto erótico femenino que simbolizaba el acto de desnudarse.(1)

Quienes los usaban y no los escondían, eran calificadas de atrevidas, tal como –en adelante– serían catalogadas todas las mujeres que osaran acercarse a lo “masculino”. No obstante, es aquí donde se inicia la valorización erótica de la lencería. Si no, cómo explicar que a los varones les resultara más atractivo el cuerpo cubierto al semidesnudo y accesible. La historiadora Isabel Cruz de Amenábar sostiene que “se puede plantear que el verdadero lenguaje del erotismo no es el del cuerpo completamente desnudo, sino el del cuerpo vestido y desvestido”. (2)

Cintura de avispa
Aun cuando los calzones causaron revuelo, la prenda femenina con la historia erótica más larga es, en realidad, el corsé. El principal objetivo de este adminículo era disminuir el contorno de la cintura y enfatizar el tamaño del busto, aumentando su atractivo sexual. Su incorporación al vestuario femenino data de fines del siglo XVIII. Se extendían desde el busto a la cadera, aunque también los había cortos hasta la cintura, y –hasta que aparecieron los botones– se amarraban con lazos por la espalda. La postura del corsé era una tarea que requería -al menos- de dos personas: la primera, la que lo usaba, y la segunda, la que tiraba fuertemente de los lazos hasta alcanzar la cintura de avispa deseada. Ahora, cuando la mujer en cuestión tenía unos cuantos kilos de más, hacía falta otro par de manos que tirara de uno de los lazos por un lado, mientras que otra doncella acometía la misma tarea desde el otro extremo.

El corsé fue una prenda que rápidamente se masificó y diversificó. Aparecieron los “divorciados”, cuyo nombre se debía a que contaban con una pieza triangular que se ubicaba en el medio del busto y que tenía como función separar un pecho del otro, como en un sostén moderno. También los hubo especiales para embarazadas, que cubrían el cuerpo desde los hombros hasta debajo de la cadera y permitían dar al cuerpo la silueta “de moda”.

Los varones tampoco quedaron ajenos al boom del corsé. Aunque no tan masivos como los femeninos, los corsés masculinos tenían la función de moldear la figura y otorgar “apariencia”. Y eran exclusivamente usados por la aristocracia, convirtiéndose en una prenda que –a diferencia de lo que sucedía entre las mujeres, en donde su uso se “democratizó”– enfatizaba las diferencias sociales. También se llegaron a fabricar corsés para niños, pero los daños que su estrechez causaba a la forma de los huesos desincentivó su uso. No por nada el corsé era al mundo occidental lo que el bendaje de pies fue a la cultura oriental. Pero, a pesar de las incomodidades, recién en 1916 aparecerá el brassiere o sostén, prenda que desterrará por siempre al corsé a la categoría de lencería fetiche.

Culos postizos
Entre los tipos de ropa interior que se incorporarían progresivamente al vestuario femenino estaban los que daban abrigo, como las enaguas; los que cumplían un rol higiénico, como los calzones; los modeladores de cuerpo, como el corsé, y las prendas o adminículos que tenían la función de sostener la forma del vestido. Y en esta última clasificación, la ropa íntima femenina tuvo múltiples ejemplos.

Anterior a la aparición del corsé, ya se habían incorporado al vestuario otras prendas igual o mayormente incómodas. Los “culs postiches” (culos postizos), cuya única función era sostener la forma del vestido, habían causado sensación entre las cortes del siglo XVIII. En una primera etapa, estos armazones que colgaban de los hombros eran amplios hacia los costados, a la altura de las caderas, tan amplios como para generar la molestia de los varones, quienes frecuentemente resultaban golpeados o aplastados por su exagerada forma. Más tarde serían redondos, como campanas, formados por aros y amarrados a la cintura, de manera de darle volumen a la falda. A éstos se les conocería como “pettitcoat” o miriñaques –según el Diccionario de la Lengua Española “zagalejo interior de tela rígida o muy almidonada y a veces con aros, que usaron las mujeres” o “armadura de hierro que llevan las locomotoras en la parte delantera para apartar a un lado a los objetos que impiden la marcha”– fueron patentados en 1856 y causaban tal disgusto en los hombres que en Inglaterra, hacia 1860, las fábricas textiles se negaron a seguir fabricándolos.

Un precedente del miriñaque, el “guardainfantes”, generaría una ácida polémica en Chile, entre la aristocracia y la Iglesia, a mediados del siglo XVII. Su nombre se atribuía a su utilidad al momento de querer ocultar un embarazo y su uso era motivo de pasiones ya que, según Isabel Cruz, cumplían una función de “ocultamiento, pero también realce de una parte de la anatomía femenina que encerrada en su preciosa jaula se hacía más atractiva por su misma invisibilidad”.(3)

Posterior al miriñaque, en Chile se impuso el uso de las crinolinas, que debían su nombre al crin, principal material en su confección. Hacia 1880, el volumen de las faldas se acentuó en la parte posterior y ya no en el ruedo, simulando una cola de avispa. Y para lograr tal silueta, las mujeres utilizaron polizones o almohadillas los que, ubicados sobre las nalgas, levantaban su forma y rellenaban el traje, además de crinolinas con medio aro, para realzar la parte posterior del cuerpo. Hacia abajo, el ruedo de la falda se reducía y estrechaba, a tal punto que difícilmente se podía caminar con rapidez.

Sex symbol
Tras revisar la historia de la ropa interior femenina, queda claro que cada prenda que se incorporaba, reemplazando a una anterior (como el sostén) o complementando a las ya existentes (como los calzones), marcaba hitos en la emancipación del vestuario femenino. No por nada los calzones causaron tanta polémica, ya que dotaban a la mujer de una libertad de movimiento que anteriormente no tenía. Paralelamente, según consignan los investigadores del tema, coincide que la lencería comienza a recibir atención a mediados del siglo XIX, justamente en la época de mayor represión sexual en el Viejo Continente y, por lo tanto, de mayor fetichismo.

Los doctores Cecil Willet y Phillis Cunnington afirman, además, que “el hecho de que las mujeres (respetables) comenzaron a usar ropa de dormir atractiva sólo después de la introducción, a comienzos de 1880, del control de la natalidad, tiene una implicación obvia”.(4)

En la actualidad, la lencería ha dejado la intimidad para lucirse en el exterior. Las adolescentes no se avergüenzan al dejar ver, por encima de las pretinas de sus pantalones, partes de sus colaless. Ninguna mujer temería recibir una sanción social por dejar translucir su sostén bajo una blusa liviana. Pero, para llegar a este punto, debieron pasar cerca de tres siglos de discusiones y polémicas. Tres siglos en los cuales la ropa interior femenina se ha consagrado como objeto del deseo masculino.


(1) “The history of underclothes”. Willet, C. y Phillis Cunnington. Doven Publications, Nueva York, 1992. Página 11.
(2) “El traje: Transformaciones de una segunda piel”. Cruz de Amenábar, Isabel. Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago, 1996. Pág. 42.
(3) Ibid, pág. 48.
(4) “The history of underclothes”. Willet, C. y Phillis Cunnington. Doven Publications, Nueva York, 1992. Pág. 16.



Fuente:
http://www.dibam.cl/patrimonio_cultural/patrimonio_piel/art_obj.htm

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Historia de la bombacha





Historia de la bombacha





Por Sandra Russo
Nota en Página/12
4 de enero de 2003



Es un invento relativamente, y no se les ocurrió a las mujeres: los hombres las usaban desde hacía siglos. Llevar ropa interior fue uno de los primeros gestos contundentes del género femenino: sin ponérsela, hubiera sido imposible sacársela.


Lo primero que las mujeres les arrebataron a los hombres a pura fuerza de voluntad y deseos de emancipación no fue la posibilidad de crear ni la de trabajar: fue la bombacha. Los varones europeos la llevaban puesta como parte de su indumentaria desde el siglo XVI. Calzones al cuerpo que les daban libertad de movimiento. La cultura patriarcal a veces parece que se deja vencer, pero en realidad fue hace tiempo: cuando en el siglo XIX las mujeres comenzaron a usar ropa interior, esos magníficos calzones se transformaron en insostenibles bombachudos adornados con toda la pompa de la feminidad. Lo que en los varones daba libertad de movimiento en las mujeres se convirtió en un armatoste de tela que les impedía hasta caminar. Tendrían que pasar más de cien años y dos guerras mundiales hasta que la bombacha fuera esa prenda íntima que conocemos hoy. Breves, ligeras, de encaje o algodón, sintéticas o de pura seda, compradas al paso o elegida con el mayor de los rigores, las bombachas hablan. Quien quiera oír...

Calzones, pantalones, pantalettes, pequeñeces, indescriptibles, racionales, bragas, bragas francesas, bragas divididas, cami-bragas, interventores y sigue la lista. Son los nombres que ha recibido según la latitud y la época la bombacha femenina. Recién hacia 1820 formó parte de los guardarropas femeninos. Veinte años más tarde, una norteamericana, Amelia Jenks Bloomer, contrató a una diseñadora amiga, Elizabeth Miller, para confeccionar unas bombachas que la propia Bloomer usaría mientras recorría Londres y Dublín dando charlas sobre “El arte del vestir”. En ese entonces a las bombachas (calzones largos, amplios, puritanos, engalanados con puntillas) se las llamaba “bombachos”, “ajuares” o “atavíos”, y se decía que era conveniente usarlos para curarse en salud.

Con lazos y cintas por todas partes y realizadas en muselina, la prenda era difícil de llevar, pero también de lavar. Las pioneras las usaban una o dos semanas corridas: sólo cambiaban cada tanto una tirita interior que usaban a modo de avanzada de las toallas higiénicas.
Hacia el final del siglo XIX, las bombachas llegaban hasta el piso: se dejaban ver tibiamente abajo de los vestidos. Mirarle la bombacha a una mujer no requería mucho talento ni sentido de la oportunidad: simplemente había que esperar que ella se levantara apenas la falda al cruzar una calle, por ejemplo, y... bombacha a la vista.

En las primeras décadas del siglo XX, las bombachas, junto con los vestidos, fueron acortándose. Llegaron hasta abajo de la rodilla. Pero justo cuando el nuevo formato podía devolverles a las mujeres cierta libertad de acción, oh casualidad: se impusieron las faldas estrechas y entubadas que las obligaban a caminar moviendo las piernas sólo de la rodilla para abajo. Y una vez más, en otro ademán significativo, las mujeres copiaron a los hombres, aunque con éxito: fueron las primeras ciclistas y golfistas las que requirieron, cerca de 1920, ropa especial, y bombachas especiales. Fue el primer paso, literalmente.

Pero antes hubo otro escollo: la bombacha en cuestión era un pantaloncito de sarga llamado “racional”, apto sólo para valientes. La sarga picaba. Era gruesa. Incómoda. Fue lentamente reemplazada por nuevas prendas de algodón, ahora reclamadas por bailarinas de charleston y tango. Las bombachas de las primeras bailarinas de tango europeas y norteamericanas estaban confeccionadas en sarsenet negro, una tela delicada, y adornadas con volados de encaje. El único problema era que tenían la forma de un plato volador.

Entre la Primera y la Segunda Guerra fue que aparecieron los materiales que revolucionarían el universo de la ropa interior. En principio, el nylon. Hasta su liberación para usos no bélicos, la ropa interior de la clase pudiente estaba hecha con crêpe de chine. Cuando ya gastar toneladas de nylon en paracaídas no fue necesario, es decir después del ‘45, el mercado y las mujeres entraron en una sintonía casi perfecta: el mercado ofrecía bombachas baratas, suaves y pequeñas que las mujeres se abalanzaban a comprar con ansiedad y en grupo.
Y fue dos años más tarde que Christian Dior parió el New Look, en el que la figura femenina reverdeció en todo su esplendor, con todas sus curvas, y que paralelamente la irrefrenable inserción femenina en el mercado laboral hizo que cada mujer que se preciara de tal tuviera su media docena de bombachas en su ropero. Ya desde entonces conviven armónicamente los distintos estilos de bombachas, con su metalenguaje perfectamente descifrable para cada chica: las francesas culottes que tapan las caderas y llegan hasta la cintura con las bikinis sentadoras, pasando por las tangas (que no inventaron las garotas brasileñas sino la tienda Frederick’s de Hollywood en 1946) y las trusas sujetadoras.

No hay una bombacha para cada edad sino un estado de ánimo para bombacha. Las tangas con estampado de leopardo se turnan con el eterno y adorable algodón blanco, aunque es probable que a ninguna le falte aunque más no sea una de encaje negro o rojo. La sexualidad estándar que promovió durante décadas a la bombacha fiestera (adornada con plumas, lentejuelas o estrás) dio paso, en los últimos años, a una sexualidad un poco más confusa y perversona, a la que aportaron lo suyo diseñadores con Calvin Klein o Donna Karan: la vieja culotte de algodón blanco, con sus destellos infantiles o andróginos, volvió a ser reclamada en las tiendas de barrio por hijas, madres y abuelas. Algunas de ellas las usan por simple comodidad. Y otras, seguro que las usan por otra cosa.



Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/placer/16-14749-2003-01-04.html

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miércoles 23 de diciembre de 2009

Seducir - Baudrillard


Seducir



"Seducir es morir como realidad y producirse como ilusión"


Baudrillard
1990



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sábado 19 de diciembre de 2009

Siv Cedering: Ayúdame con mis botones ("Help me with the buttons")




Siv Cedering

"Help me with the buttons"




Help me
with
the buttons
.

My body
is
the only clothing
I can possibly
wear.



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Ayúdame
con
mis botones.

Mi cuerpo
es
el único vestido

que tal vez pueda
llevar.




Siv Cedering

February 5, 1939–November 17, 2007
Swedish-American poet, writer, and artist.

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Photo (amazing...) by Robert Mapplethorpe

"Epitalamio" - Apollinaire


Apollinaire

"Epitalamio"



Con el pseudónimo de "El abate de Thélème", Apollinare publicó este poema en L'OEubre libertine des poètes du XIX siècle, dentro de un conjunto titulado Los diablos enamorados. Avinain, citado en el tercer verso, fue un criminal del siglo XIX que, tras oír su sentencia, gritó: "¡No confeséis nunca!".




Tus manos introducirán mi bello miembro asnil
en el maldito burdel abierto entre tus muslos,
y, quiero confesarlo, a despecho de Avinain,
¡qué me importa tu amor con tal de que goces!

A tus senos blancos como petits suisses mi boca
hará el honor abyecto de chupadas sin veneno.
De mi méntula de macho en tu coño femenino
caerá mi esperma como el oro en los moldes.

Tierna puta mía, tus nalgas han vencido
de todos los frutos pulposos el sabroso misterio,
la humilde redondez sin sexo de la Tierra,

la Luna, cada mes, tan vana de su culo,
y de tus ojos brota incluso aunque los veles
esta oscura claridad que de los astros cae.



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Pietro Aretino: la desocultación de Eros


Pietro Aretino
La desocultación de Eros


“No hay que ocultar los órganos que han engendrado a tantas bellas criaturas, mujeres y niños, con un trozo de tela o de seda. Más bien tendríamos que ocultar nuestras manos que juegan con dinero, hacen falsos juramentos, prestan con intereses usurarios, torturan al asno, hieren y matan”.




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La piel como frontera


La piel como frontera

Cristina Álvarez Reinare



Un fragmento de "La piel como frontera"
Cristina Álvarez Reinare
Ed. Yalde


La erótica de la piel:

La piel es la zona erógena por excelencia. Parece como si el cuerpo humano estuviese delimitado por un cubrimiento de sensualidad que se abre al mundo, ofreciendo unas vías de intercambio entre las posibilidades de dar con las posibilidades de recibir. Todos los sentidos se asoman a la piel para captar los mensajes gratificantes que le llegan por vía distal: los olores, los sonidos, los colores y las formas, o leves contactos, los dedos amorosos que la repasan, la calidez de otra piel en contacto. La piel centraliza y vincula pequeños y grandes placeres.

La erótica del gusto, la de la vista, la del oído, la del olfato, se funden en una totalidad global en la del tacto. El tacto supone la máxima proximidad del erotismo. La piel se humedece de placer, se moviliza con imperceptibles sacudidas, incontrolables, vibra, se acalora, se ofrece pletórica, lujuriosa en su tersura o temerosa en su rugosidad, pero se ofrece, y por si no fuese suficiente con sus propios méritos, se somete al embellecimiento artificial que le proporcionan las cremas, las pinturas, los bronceados al sol, los perfumes, los polvos, los tatuajes, las incrustaciones de piedras preciosas y el tamiz sinuoso de unas telas transparentes o del vestido como segunda piel sugerente.

La piel no sólo se muestra oferente a los demás, sino que acoge su propio erotismo que nace y termina en la propia piel erotizada. El contacto del pecho, de los genitales o de la piel toda con las telas livianas, sedosas o, incluso, en los erotismos masoquistas, con las telas estameñas, produce una excitación dulce que se desborda en presentimientos placenteros, etéreos, indefinibles y que convierten el caminar o el reposar en un estado perpetuamente lujurioso. Lo mismo sucede cuando nos abandonamos voluptuosos a la orilla del mar y dejamos que el sol, como amante tierno, nos acaricie con sus rayos bronceadores y calidos, mientras la brisa traspasa con dulzura nuestros más recónditos deseos, conformados en esas ondulaciones corporales contra los que se estrella estremecida, y las olas se rompen en mil gotas de placer. Las suaves dunas de la piel se abandonan al placer, que quisiéramos perpetuar, mientras el rumor incesante del mar nos hipnotiza con su cadencia. Que nada perturbe este instante, nos decimos, y por eso cerramos los ojos, para que el aislamiento sea total, para poder creer que hemos entrado en el recinto de la felicidad que no indaga, que no interroga, que no busca ningún sustituto en las palabras. Así es nuestra piel sensual cuando se abandona, cuando no está azancanada por algo ajeno al propio sentir.

Alberoni, en su libro "El erotismo", analiza los diferentes modos de sentir erótico entre el sexo masculino y el femenino. Sostiene que las mujeres están dotadas de un extraordinario erotismo cutáneo y que la utilización de perfumes, tacones altos, ropa interior delicada y corsés, son en su totalidad una manifestación de esa carga erótica. Las mujeres, sigue diciendo Alberoni, son más sensibles que los hombres al ritmo, a la música, a los sonidos, o su erotismo más táctil, muscular y ligado a los olores. Por el contrario, el erotismo masculino es más visual, más genital. Ortega, con la finura analítica que le caracteriza, ya observó que los españoles miran a las mujeres con "mirada táctil", es decir con una mirada que repasa, siluetea, sopesa, barrunta y, al final, evalúa.


La prohibición de tocar:

...Es evidente que las actitudes hacia el tocar o no tocar emergen desde las profundidades de las creencias, hábitos y costumbres arraigados en los pueblos. En los últimos años asistimos a una modificación de las tendencias generales, sobre todo entre la juventud, mejor dispuesta a restablecer los contactos táctiles con los amigos, siempre que no conlleven un excesivo peso de ternura, aunque sí puedan llevarlo de sexo. El amor y el sexo se deslindan con excesiva frecuencia. "Hacer el amor" queda reducido, a veces, a una fórmula para satisfacer una necesidad física. Sin embargo, amor y sexo son dos formas diferentes de comunicación; cuando se complementan, cuando confluyen en una misma consumación, dan lugar al contacto comunicativo más profundo que pueda darse entre dos seres humanos.

También es conveniente poner de relieve las constantes contradicciones que surgen en la vida cotidiana entre la mera prohibición del tocar y los usos reales que se hace de la prohibición. Son muy numerosos los actos sociales que tienen como eje el contacto. En el baile se aspira a dejar sin efecto las censuras morales vigentes. Los cuerpos se enlazan, estableciéndose entre ellos la corriente cálida de la permisividad. Los ojos, tan próximos, hablan su propio lenguaje. Las palabras fluyen quedas, sinuosas. Dos cuerpos se funden al son de un ritmo y se comunican en términos táctiles. Cuando la última nota musical se pierde en el aire, todavía permanece el eco táctil de los cuerpos que oponen una sutil resistencia a la separación.

También nos quitamos los guantes para dar la mano, en un alarde de buenos modales, pero que no es más que una manifestación del deseo de entrar en un contacto más cálido y humano. Igualmente se ha popularizado con facilidad la tendencia a besar, rompiendo en muchos casos con los moldes de cortesía hasta ahora vigentes. Besamos con la misma fruición a los conocidos que a los que nos acaban de presentar, como si, inconscientemente, estuviésemos predispuestos a romper las barreras que nos han constreñido.

También los comerciantes parecen haber comprendido la demanda táctil en los objetos de consumo. Se cuida la textura de los tejidos con destino tanto a la vestimenta como a la decoración del hogar. Se comercializan peor los muebles de metal o de apariencia fría y, en general, el pequeño menaje de uso cotidiano se procura diseñarlo con la nota de "cálido" al contacto, "confortable" por definición. Se valora lo artesanal. El marchamo de "hecho a mano" representa un valor añadido. Se cuida al máximo la ropa interior. Las cosmética ha establecido sus propias relaciones de necesidad con la inclinación humana a mejorar su apariencia visual y las condiciones táctiles de un cutis disponible para los contactos.

¿Estaremos asistiendo a una creciente valoración de lo táctil?

La respuesta es obvia. A pesar de ello, el temor al tacto ha sido la premisa de gran parte de la conducta humana.



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He dicho - José Watanabe




He dicho

José Watanabe



Qué rico es ir
de los pensamientos puros a una película pornográfica
y reír
del santo que vuela y de la carne que suda.

Qué rico es estar contigo, poesía
de la luz
en la pierna de una mujer cansada.


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Imagen: Perseval Mauri
"Mujer Durmiendo"

"La cortesana" - Auguste Rodin





"La cortesana"
Auguste Rodin

1840-1917

Impresionismo
Técnica: acuarela con lápiz


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George Steiner: erotismo sordomudo, de “Los idiomas de Eros”




George Steiner
:
Erotismo sordomudo

(Fragmento de “Los idiomas de Eros”
)




George Steiner
Fragmento de “Los idiomas de Eros”
En “Los libros que nunca he escrito”
(Fondo de Cultura Económica).
George Steiner


¿Cómo es la vida sexual de un sordomudo? ¿Con qué incitaciones y cadencia se masturba? ¿Cómo experimenta el sordomudo la libido y la consumación? Sería extremadamente difícil obtener testimonios fiables. No conozco ningún corpus de investigación sistemática. Sin embargo, la cuestión posee una marcada importancia. Atañe a los centros nerviosos de las interrelaciones entre eros y lenguaje. Pone en el perplejo centro de la atención el tema, absolutamente decisivo, de la estructura semántica de la sexualidad, de su dinámica lingüística. Se habla y se oye hablar de sexo, en voz alta o en silencio, exterior o interiormente, antes, durante y después de las relaciones. Las dos corrientes de comunicación, las dos puestas en escena son indisolubes. La emisión es parte integrante de ambas. La retórica del deseo es una categoría del discurso en la que la generación neurofisiológica de actos de habla y de actos amorosos se implican recíprocamente. La puntuación es análoga: el orgasmo es el signo de admiración. Lo que se sabe de la sexualidad de los ciegos demuestra las esenciales funciones de la representación interiorizada, de una imaginería verbal en la cual los valores lingüísticos y táctiles se determinan y se refuerzan entre sí. En ninguna otra interfaz de la estructura humana están tan íntimamente unidos los componentes neuroquímicos y lo que consideramos como los circuitos de la conciencia y del subconsciente. Aquí, la mentalidad y lo orgánico forman una sinapsis unificada. La neurología atribuye reflejos sexuales al sistema nervioso parasimpático. La psicología aduce impulsos y respuestas voluntarios cuando se analizan los procederes sexuales humanos. El concepto de “instinto”, por su parte, sólo escasamente comprendido, caracteriza la fundamental zona de interacción entre lo carnal y lo cerebral, los genitales y el espíritu. Esta zona está saturada de lenguaje.

Los elementos de esta inmersión lingüística –entramos y salimos del lenguaje cuando preparamos, mantenemos y recordamos relaciones sexuales– son tan numerosos y complejos que desafía cualquier intento de enumeración exhaustiva y más aún a una clasificación sobre la que haya acuerdo. Se afirma que el lenguaje es al mismo tiempo universal y privado, colectivo e individual. Todo hombre y toda mujer no impedido recurre de manera automática, si podemos decirlo así, a un almacén de palabras y construcciones gramaticales preexistentes y accesible. Nos movemos dentro del diccionario y la gramática de la posibilidad. En proporción con nuestras capacidades mentales, entorno social, formación académica, origen geográfico y patrimonio histórico, imaginamos nuestro lenguaje propio. Pero aun estando imbuidos del mismo ethos y entorno social étnico, económico y social, todos y cada uno de los seres humanos, desde el imbécil y casi incapaz de expresarse hasta el verbalmente dotado, desarrollan un “idiolecto” más o menos eficiente, es decir, su peculiar código de medios léxicos y sintácticos. Apodos, asociaciones fonéticas y referencias ocultas marcan estas singularidades. Cuando no se propone la tautología, como en la lógica formal y simbólica, el lenguaje, aun el rudimentario, es polisémico, de estratos múltiples, expresivo de intenciones sólo imperfectamente reveladas o articuladas. Codifica. Esta codificación puede desde luego ser perceptible, originarse en recuerdos compartidos, aspiraciones históricas, contextos políticos y sociales. Pero también puede ocultar necesidades y significaciones esenciales, individualizadas, intensamente privatizadas. El lenguaje es en sí y por sí multilingüe. Contiene mundos. Considérese simplemente el lenguaje de los niños. La mayoría de las veces, la enunciación articulada es la punta del iceberg de los significados sumergidos, implícitos. Hablamos, oímos “entre líneas”. La comprensión y la recepción son actos que intentan descifrar un código, entrar en él.

En ninguna parte es más omnipresente y más formativa esta “linealidad” que en las cámaras de resonancia de lo erótico. Es un lugar común que la dirección escénica, tanto retórica como verbal, de la seducción está repleta de verdades a medias, con tópicos adoptados o falsedades que, a su vez, han de ser glosadas por el objeto de deseo. Los sonidos que acompañan al orgasmo, a menudo situados en el umbral de la verbalización y que en ocasiones parecen retroceder a la prehistoria del lenguaje, pueden ser deliberadamente mendaces. Tienen su brutal poética de la hipocresía, como la tienen los floreos y las sinceridades, hechas drama, de la elocuencia erótica. El monólogo y el diálogo –o más exactamente el monólogo en tándem– pueden alternarse, pueden fundirse en una riqueza de cadencia y matiz casi imposible de analizar sistemáticamente. Se intuye que durante la masturbación palabra e imagen están más estrechamente relacionadas, más “dialécticamente” vigorizadas que en cualquier otro proceso comunicativo humano. Las cartas de Joyce a Nora constituyen un palpitante testimonio de esta interacción. Incluso por sí solos, una palabra, un grupo de sonidos pueden desencadenar una jadeante excitación (el célebre faire catleya de Proust). La imagen se despliega dentro del sonido. Así, la masturbación tiene su gramática muda. Sin embargo, dentro de sus intimidades, en los recovecos de la íntimo, están funcionando factores públicos. La fraseología erótica y sensual de los medios de comunicación, la jerga amorosa del cine y la televisión, la declamación de la publicidad con sus vaivenes y el mercado de masas estilizan y convencionalizan el ritmo, la marcha, los elementos discursivos de millones de parejas. En el mundo desarrollado, con su corrosiva pornografía, incontables amantes, sobre todo entre los jóvenes, “programan” sus relaciones amorosas, conscientemente o no, con arreglo a unas líneas semióticas precocinadas. Lo que debería ser el más espontáneamente anárquico, individualmente exploratorio e inventivo de los encuentros humanos se ajusta, en gran medida, a un “guión”. Hasta es posible que la última libertad, la autenticidad final sea la de los sordomudos. No lo sabemos.


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Walt Whitman: Danzando y riendo...




Walt Whitman

Danzando y riendo...





Walt Whitman
Sección 11
“Canto de mí mismo”
Tr. Mauro Armiño. Madrid, España: Biblioteca Edaf, 1984



"Danzando y riendo por la playa llegó el bañista vein-
tinueve.
Los demás no la veían, pero ella los veía y les amaba.

Las barbas de los muchachos centelleaban del agua,
que cae desde sus largos cabellos,
pequeños riachuelos pasaban por todo su cuerpo.

Una mano invisible pasó también por sus cuerpos,
descendió temblorosa por sus sienes y sus torsos.

Los muchachos flotan de espaldas, sus vientres blan-
cos se comban al sol, no preguntan quién se
apodera rápidamente de ellos,
no saben quién jadea y se aparta con un arco sus-
penso y cimbreante,
no saben a quién inundan de espuma".



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Walt Whitman: turbulento, carnal, sensual


Walt Whitman:
Turbulento, carnal, sensual...



Sección 24
“Canto de mí mismo”
Tr. Mauro Armiño. Madrid, España: Biblioteca Edaf, 1984



"Walt Whitman, un cosmos, el hijo de Manhattan, turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo y engendrando, nada sentimental, sin ponerse por encima de los hombres ni de las mujeres o aparte de ellos, no más modesto que inmodesto"



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Ningún otro cuerpo como el tuyo - Rubén Bonifaz Nuño




Ningún otro cuerpo como el tuyo

Rubén Bonifaz Nuño



Ningún otro cuerpo como el tuyo
vino a salir sobre la tierra,
porque él es tú. Domingo diario,
simposio y lecho y mesa puesta
para los sentidos no platónicos.

Sin verte ni oírte, voy formándole
el molde de un instante tuyo;
el estuche justo, tu morada.
Espacio puro, impenetrable,
donde guardarlo aprisionado.

Siguiendo los innumerables
peldaños infinitesimales
de tu olor, bajando y ascendiendo,
las superficies reconozco,
maravilladas, de tu cuerpo.

Hueles a escollo soleado,
a huertas en la sombra, a tienda
de perfumes; a desierto hueles,
tierra grávida, a llovizna;
a carne de nardo macerada,
a impulsos de ansias animales.

Y cada aroma halla respuesta
en un sabor que lo sostiene,
y el regusto de la sal, el agrio
del fruto en agraz; dulcísimo,
el del fruto maduro y pleno,
el amargor donde floreces,
mezclándose, ardiendo, disolviéndose,
hacen de ti un sabor; el único
sabor, el que te vuelve en suya.

Y con él completo la armadura
del perfecto espacio: tu recinto
inequívoco, el sitio de ti misma.


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Image by Robert Mapplethorpe

Mis amantes me sofocan... Walt Whitman



Mis amantes me sofocan...
Walt Whitman



Sección 45
“Canto de mí mismo”
Tr. Mauro Armiño. Madrid, España: Biblioteca Edaf, 1984




"Mis amantes me sofocan,
llenando mis labios, densos en los poros de mi piel,
empujándome por callejas y locales públicos,
llegando a mí desnudos en la noche,
gritando por el día Eo desde las rocas del río,
balanceándose y gorjeando sobre mi cabeza,
llamándome por mi nombre desde macizos de flores,
plantas trepadoras, enmarañados sotobosques,
cayendo sobre todos los momentos de mi vida,
devorando mi cuerpo con suaves besos balsámicos,
sacando sin ruido puñados de sus corazones y dándomelos
para que los haga míos".


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Más sobre la revista "Jasad" (Cuerpo): erotismo islámico editado por una mujer...guau!!!






Más sobre la revista "Jasad" (Cuerpo):
erotismo árabe editado por una mujer...guau!!!






Jumana Haddad rompe los tabúes sexuales árabes con su revista JASAD (cuerpo)
Por Maria Pia Duran
Sábado, 04 de Abril de 2009
http://www.nextownladys.com/

Jumana Haddad (en la imagen) es una joven poetisa y periodista y dirige la sección literaria del prestigioso diario 'An Nahar' de Beiut. Es, además, traductora, y publicó una antología de la poesía libanesa contemporánea en español titulada 'Allí donde el río se incendia', editada en Málaga. Nacida el 6 de Diciembree de 1970 en Beirut, habla 7 idiomas y ganó el Arab Press Prize en 2006.

Ahora Jumana Haddad sale en los papeles porque ha lanzado a la calle una lujosa revista de papel cuché titulada 'Jasad' -'cuerpo', en árabe- que rompe los arraigados tabúes sexuales de esta sociedad tan conservadora.

Sólo podía ser en El Líbano donde se imprimiese una publicación de este estilo que trata de la homosexualidad, de la masturbación, que da testimonio de las primeras experiencias sexuales de personajes populares. Es en El Líbano donde pese a la legislación que condena los actos homosexuales en el articulo numero 54 del Código penal, a pesar de la represión policial que a veces sufren los gays, pese a todas las censuras religiosas tanto cristianas como musulmanas, existe la única asociación en Oriente Medio de defensa de lesbianas y gays, Helem, con sede en una céntrica calle de la capital y recién premiada en los Estados Unidos.

Hace pocos días fue organizada una pequeña manifestación para protestar contra la violencia que padecen gays y lesbianas en la que fue exhibida por vez primera en público la bandera con los colores del arco iris de la libertad sexual.

Sin duda es Beirut la ciudad árabe oriental más permisiva, la meca de los habitantes reprimidos y frustrados de los principados petrolíferos del Golfo. Fue en el local de Helem donde el periodista británico Brian Whitaker presentó hace un par de años su libro sobre la vida de gays y lesbianas en Oriente Medio con el anhelo de que, algún día, fuese traducido al árabe.

Es sólo en El Líbano donde han podido representarse obras como 'La vida secreta de las mujeres', inspirada en 'La vagina de la mujer' de Eval Ensledre, en la que Tagrit Nadin y Hala, Carole, saltando del escenario vestidas tan solo con blusas y 'slips', se mezclaban entre el público, se acercaban a algunos espectadores del patio de butacas para decirles, casi susurrarles al oído, la palabra masturbación, la palabra tachada por la censura.

La revista de Jumana Haddad, que se vende al precio de diez dólares, es, sobre todo, una revista de textos literarios, de cuidadas fotografías, de escasos anuncios publicitarios. En su portada, junto a la cabecera, hay impresas unas esposas para expresar la voluntad de ruptura de los tabúes sexuales. Las ilustraciones de obras célebres acompañan textos de escritores egipcios, jordanos, marroquíes, palestinos y libaneses.

Con temas como el de la violencia conyugal, que apenas se reflejan en la prensa, ha provocado un fenómeno inédito en los medios de comunicación árabes. La revista, envuelta en una cobertura de plástico, está destinada a los adultos. Fuera del Líbano es únicamente vendida a través de suscripciones y no se encuentra en ninguna librería ni quiosco. El mayor numero de abonados está en el reino de Arabia Saudí el país más represivo de Oriente Medio.

Jumana Haddad, que en su antología de poetas libaneses traducida al español escribió sobre la renovación poética árabe a partir de la revista 'Shaer', en la que se dieron a conocer artistas de la palabra como Adonis, muchas veces propuesto para el premio Nobel de Literatura, está percatada de que el llamado mundo árabe tiene un acervo literario que puede sorprender a los lectores occidentales, con obras clásicas como las 'Mil y una noches' o el 'Jardín perfumado', un bello manual de erotismo.

La revista, quizá por minoritaria, no ha sido censurada por las autoridades libanesas.




Bibliografia

En arabe:

* Time for a dream, poesias, (1995)
* Invitation to a secret feast, poesias, (1998)
* Two hands to the abyss, poesias, (2000)
* I did not sin enough, selección de poesias, (2003)
* Lilith's Return, poesias, (2004)
* The panther hidden at the base of her shoulders, seleccion de poesias, (2006)
* In the company of the fire thieves, Conversaciones con escritores de todo el mundo, (2006)
* Death will come and it will have your eyes, Antologia de 150 poetas que se suicidadon (2007)
* Bad habits, seleccion de poesias, (2007)
* Mirrors of the passers by, poesias, (2007)



en otros idiomas:

* Damit ich abreisen kann, 2005, Lisan Verlag, Basel, Switzerland.
* Cuando me hice fruta, 2006, Monte Ávila Editores, Caracas, Venezuela.
* El retorno de Lilith, 2007, Editorial Praxis, Mexico, Mexico.
* Le retour de Lilith, 2007, Editions Inventaire, Paris, France.
* Die ruckkehr von Lilith, 2008, Hans Schiler Verlag, Berlin, Germany.
* Invitation to a Secret Feast, 2008, Tupelo Press, Vermont, USA.
* Madinah, city stories from the Middle East, 2008, Comma Press, Manchester, UK.
* Adrenalina, 2009, Edizioni del Leone, Venice, Italy.



Web oficial

http://www.joumanahaddad.org



Relevant links

- Her weekly editorial in An Nahar newspaper (in Arabic)
http://www.annahar.com/page_content.php?type=adab&table=adab&day=Mon

- Her page in Wikipedia:
http://en.wikipedia.org/wiki/Joumana_haddad

- Her page in Banipal magazine:
http://www.banipal.co.uk/contributors/contributor.php?conid=71

- A tribute site:
http://www.freewebs.com/joumana/

- The IPAF website:
http://www.arabicfiction.com

Fuente: lavanguardia.es / jasadmag.com


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De la castidad del placer - Ali Ahmad Said






Adonis
(fragmento)




¿Es pecado el deseo?
Tal vez, a veces.
Pero el placer
es siempre casto.




Ali Ahmad Said


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Image: Antonio Canova 1757-1822 (Musée d'Art et d'Histoire, Genève) - Adonis and Aphrodite

jueves 17 de diciembre de 2009

Manuscrito de Londres (Menfis o Tebas, 1500 aC.)




Manuscrito de Londres



Poemas escritos en Menfis o en Tebas (1500 aC.)




¿Hay un momento más hermoso?
Estoy contigo
y tú inflamas mi corazón.
Tomarme y acariciarme
cada vez que entras a mi casa
¿no es eso el placer?
Cuando buscas tomar
mis caderas y mis senos
¡no los dejes!
Magnífico es el día en que nos pasamos apretados.
Los cientos de miles y los millones no son nada en comparación.
¡Oh, mi dios, mi amigo!
Qué dulce que es sumergirme,
bañarme delante de ti...
Dejarte ver mi belleza,
en mi túnica de lino real
cuando está mojada.
¡Ah! ven, ¡mírame!
Tu amor ha penetrado todo mi ser
como la miel sumergida en el agua
como la esencia que penetra las especias
como cuando se mezclan nuestras savias...
...pues el cielo hace ascender su amor
como asciende la llama en la paja
Y mi deseo es como el picotazo de un buitre.
Turbada está mi sangre.
La boca de mi hermana es un pimpollo.
Sus senos, manzana de amor,
Sus brazos, una rama viva
que me ofrece un lugar secreto.
¿Vas a partir porque quieres comer?
¿Qué eres, pues, tú, esclavo de tu vientre?
¿Vas a partir para cubrirte?
¡Pero yo tengo sábanas sobre el lecho!
¿Vas a partir porque tienes sed?
Toma pues mi seno.
Lo que contiene sobra para ti.
Mi corazón está lleno de tu amor.
Y como corrí para encontrarte
se me ha caído la mitad de mis trenzas.
Mi corazón te desea (Oh, hermano mío)
Y haré por ti lo que busques
¡Estaré viva en tu abrazo!



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Michael Houellebecq: Ampliación del campo de batalla (fragmento)


Michael Houellebecq
Ampliación del campo de batalla
(fragmento)



"Desde el punto de vista amoroso Veronique pertenecía, como todos nosotros, a una generación sacrificada. Había sido, desde luego, capaz de amar; le habría gustado seguir siéndolo, se lo concedo; pero ya no era posible. Fenómeno raro, artificial y tardío, el amor solo puede nacer en condiciones mentales especiales, que pocas veces se reúnen, y que son de todo punto opuestas a la libertad de costumbres que caracteriza la época moderna. Veronique había conocido demasiadas discotecas y demasiados amantes; semejante modo de vida empobrece al ser humano, infligiéndole daños a veces graves y siempre irreversibles. El amor como inocencia y capacidad de ilusión, como aptitud para resumir el conjunto del otro sexo en un solo ser amado, rara vez resiste un año de vagabundeo sexual, y nunca dos. En realidad, las sucesivas experiencias sexuales acumuladas en el curso de la adolescencia minan y destruyen con toda rapidez cualquier posibilidad de proyección de orden sentimental y novelesca; poco a poco, y de hecho bastante deprisa, se vuelve uno tan capaz de amar como una fregona vieja. Y desde ese momento uno lleva, claro, una vida de fregona; al envejecer se vuelve menos seductor, y por lo tanto amargado. Uno envidia a los jóvenes, y por lo tanto los odia. Este odio, condenado a ser inconfesable, se envenena y se vuelve cada vez mas ardiente; luego se mitiga y se extingue, como se extingue todo. Y solo quedan la amargura y el asco, la enfermedad y esperar la muerte."




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Angel Gonzalez - Fragmento de “Inmortalidad de la nada’



Angel Gonzalez
Fragmento de “Inmortalidad de la nada’



Yo he devorado tú

me has devorado
en un único incendio.

Abandona cuidados:
lo que ha ardido
ya nada tiene que temer del tiempo.


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Marcial: el erotismo femenino al galope





Detrás de las puertas se masturban los esclavos frigios
cada vez que Andrómaca monta el caballo de Héctor.

Marcial - (X, 104-5)




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Photo from CHRIS VON WANGENHEIM (1942-1981)
Untitled (Woman with horse), c. 1975
gelatin silver print
12 1/8 x 12¼in. (31 x 31.2cm.)


"Lo vi venir" (fragmentos) Karin Gomez Artigas


"Lo vi venir"
(fragmentos)
Karin Gomez Artigas



Karin Gomez Artigas
Poeta y narradora chilena.


Lo vi venir,
Etéreo,
Tomando carne y huesos concretos.

Fue vistiéndose de hombre
De vellos y cabellos firmes.

Tomó una voz prestada,
Y fue jadeando en mi oído oraciones íntimas.

Me cubrió de tórrido deseo
Se metió en mi cuerpo como un virus incurable
Haciéndome sudar toda la inocencia que me quedaba.

Esperó a que mis pechos dejaran de ser frambuesas prometedoras
Y se inflamaran para calzar justo en sus manos.

Midió día a día mis caderas
Las vio crecer hasta que se redondearon,
Hasta que mi pubis se fue reforestando
De café claro a negro sombrío

Esperó paciente,
Acechando mis besos furtivos
La piel recién estrenada, los revolcones, los amantes
Las promesas de amor eterno que muy pronto fracasaron.

Cuando fui la hembra de sus sueños,
Ni tan niña ni tan mujer,
Un poco sirena brava
Y filósofa de verdades humanas,
Se plantó en mi camino sin tocar la puerta



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Recomendaciones estético-eróticas de Ovidio





Recomendaciones estético-eróticas de Ovidio




Tomado de "El arte de amar"
Ovidio



...toma, de entre tus encantos,
ciertas actitudes, la misma no conviene a todos.
Si eres linda de cara, acuéstate de espaldas.
(III, 771, 3).



Aquella cuya pierna es juvenil, el torso sin defecto,
que siempre se estire de costado sobre el lecho.
(III, 781-2).


Que apriete el colchón con sus rodillas, la nuca un poco doblada,
Aquella que tiene de bello el largo de su flanco.
(V, 779-80).




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Photo by Bettina Rheims

Paul Valéry: La prestigiosa tentación del desnudo






“El prestigio del desnudo debía necesariamente resultar de ese valor de secreto y de peligro próximo, que le dan su cualidad de revelación nefasta y de medio mortal de tentación”


Paul Valéry



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Photo by Robert Mapplethorpe

Alonso Ruvalcaba: Ando yo caliente, III y última




Alonso Ruvalcaba

Ando yo caliente, III y última





POR ENCIMA DE la piel del mundo, en la superficie, la chaqueta es la cosa más divertida que hay. (Por debajo, en los abismos del cerebro, masturbarse es una apuesta por la muerte. Acuérdate de Onán, hijo de Súa y de Judá, quien mandólo, tras la muerte de otro hijo, a cogerse a la cuñada: "Entra á la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y suscita simiente á tu hermano"; pero, sabiendo que "la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba á la mujer de su hermano vertía en tierra"; luego "desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y también quitó á él la vida". Jehová tiene que castigar venirse afuera: extrema negación de la vida. Bah: eso no importa hoy.) Todas las chaquetas son netísimas: chaquetas femeninas o masculinas, digitales o manuales; chaquetas rusas o francesas (en inglés, una rusa es un French fuck); chaquetas con juguetitos o embutidos o vegetales; chaquetas a mano limpia, con la diestra o la siniestra; chaquetas frente a la tele o la compu o en el cine; chaquetas con revista o con la pura imaginación; chaquetas de poetas que en el aire las componen.

II

HAY LITERALMENTE MILES de maneras de decirle a la masturbación, a su acción y a su efecto. El pecado de Onán comenzó a escribirse hacia 1640, en alemán: onanistische Sünde, el pecado onanista; en 1710 apareció onania en un librito inglés: Onania: The Hineous Sin of Self-Pollution; en 1760 en francés, en otro manual, L'Onanisme, del doctor S.A. Tissot. Los dos están llenos de pasajes muy sabrosos, como este de Tissot que refiere una consulta en el domicilio de un paciente aficionadísimo a este pecado: "Fui a su casa; lo que hallé ahí era menos un ser vivo que un cadáver; delgado, pálido, exudando una odiosa peste, casi incapaz de moverse. Sangre acuosa goteaba de su nariz; babeaba de continuo; sujeto a ataques de diarrea, defecaba en su cama sin notarlo; había flujo constante de semen; sus ojos, borrosos, perdidos, habían perdido todo movimiento; su pulso era débil; respiración trabajosa; flacura extrema, excepto en los pies, que mostraban inflamación. Igualmente evidente era la enfermedad mental." Me recuerda a mí, como a los 13 años. Masturbación es un poco más viejo. Montaigne lo escribió en 1580, en el volumen II de sus Ensayos; Frolio lo llevó al inglés en su traducción de 1603: "Diogenes in sight of all, exercising his Maisterbation, bredde a longing desire in the by-standers", Diógenes, ejerciendo su Masturbación frente a todos, despertó el deseo de los testigos... Pus sí. Onanismo y masturbación aparecieron apenas en 1884 en el diccionario de la academia española; no sorprende: paja y chaqueta apenas van llegando a ese libro santísimo. No es difícil dilucidar el porqué de 'chaqueta': uno como que arropa el pito en el acto; lo mismo que hace cuando se teje una 'chambrita'. A la 'chaira', además de la aliteración, podría explicarla el movimiento que se hace cuando se afila un cuchillo. Hay chaquetas que enfatizan su violencia: sacarle los sesos al yucateco, degollar al cíclope, torcerle el cuello al ganso, matar el oso a puñaladas, ahorcar a Kojak o, en inglés, whack the weasel, pound the pudding, spank the monkey. (Yo he querido popularizar 'zapear al mico' pero todavía no logro que pegue. Se oye bien ya conjugado, por teléfono: "¿Qué haces, güey?" "Acá nomás, zapeando al mico...") Otro grupo: el que habla del líquido eyaculado: sacarle el veneno a la víbora o el petróleo al pozo o la crema al taco, desflemar el cuaresmeño, cream the corn, flush the babies. Otro: el que se concentra en la manualidad del acto: hacerse una puñeta, escribir a mano, saludar de mano al cabezón, ir a Palma 5 (por si alguien tiene curiosidad: en Palma 5, entre Tacuba y Cinco de Mayo, hay un centro joyero, el Palma, y nada más); un subgrupo personaliza la mano con nombres propios: visitar a Manuela, a Pulgarcito y sus hermanos, salir con Pálmela Handerson, meet Hand Solo; una categoría más toma préstamos de otros contextos: echarse un solo de órgano o de flauta, venirse por su cuenta, jugarse el pellejo. Todos son masculinos, quién sabe por qué; los femeninos, en comparación, son poquitos: dedearse, franelearse, pajearse (ése es unisex), partir el Mar Rojo; en inglés hay patrones como la rima: clit twit; lo sureño: explore the Deep South; el equívoco de contextos: enter no man's land (jeje). Como si de veras se masturbaran menos. No olviden que hay un montón de poesía para probar lo contrario. Ejemplos siglodeoro: las coplas aquellas de la moza que estaba "d'espaldas en el lecho,/ las piernas abiertas/ y mirando al techo" y que "toda se comía/ en grande manera,/ que'l dedo metía/ por la hurgonera"; las coplas que empiezan: "-Madre, la mi madre,/ que me come el quiquiriquí. -Ráscatele, hija, y calla,/ que también me come a mí"; el soneto, ya aparecido acá, cuyo segundo cuarteto va: "Mirándoselo estaba muy gozosa,/ después que ya quedó muy bien rapada,/ y estándose burlando, descuidada,/ metiese un dedo dentro de la cosa"; aquel en que una señora le habla al rábano: "serás lugarteniente de un carajo,/ mi marido serás, legumbre mía"; o, 450 años después, las líneas de Blondie: I don't want anybody else/ When I think about you I touch myself; y su encendido equivalente en español en Devórame otra vez: "He mojado mis sábanas blancas/ recordándote..." No se hagan, pues.

III. Agradecimientos

POR SU APOYO en la elaboración de este artículo el autor desea agradecer a los creadores de Rebelde y Muchachitas, a Camila Sodi y Martha Higareda por salir juntas en la Rolling Stone, a la chavita de la falda cachondísima que se subió ayer al microbús en Chapultepec, a las novias, ex novias, amigas y amigas de amigos que voluntaria o involuntariamente aportaron las imágenes que ahora saturan el ipod, máximo instrumento chaquetil (Gabriel también les manda un "¡Gracias!"), al calentamiento global por su promesa de un gran escote perpetuo y a Diosito (aunque nos llevamos tan mal) por de repente colar un viento frío que para los pezones en la calle. Y aprovecha para dedicar a todos ellos la próxima pajuela, que comenzará justo después del punto al final de este párrafo y que Adán, su primer practicante allá en el génesis de los tiempos, llamó con sabiduría: "La Chaquetita de las Cinco y Media". Se ven.


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En : Antrobiótica
http://www.jornada.unam.mx/2007/08/03/index.php?section=opinion&article=a09o1gas

Tú que nunca serás - Alfonsina Storni


Tú que nunca serás
Alfonsina Storni




Sábado fue y capricho el beso dado,
capricho de varón, audaz y fino,
mas fue dulce el capricho masculino
a este mi corazón, lobezno alado.

No es que crea, no creo; si inclinado
sobre mis manos te sentí divino
y me embriagué, comprendo que este vino
no es para mí, más juego y rueda el dado...

Yo soy esa mujer que vive alerta;
tú, el tremendo varón que se despierta
y es un torrente que se ensancha en río

y más se encrespa mientras corre y poda.
¡Ah, me resisto, mas me tienes toda,
tú, que nunca serás del todo mío!


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Photo by Man Ray

Él y ella - Beto Aveiga



Él y ella
Beto Aveiga

Beto Aveiga
(Ecuador)



Él vestido de besos caminaba desnudo

por las trémulas calles que el amor propició,
ebrio y más desfilaba por los besos cual vino
que bebió de la boca de la dama que amó.

Ella abierta cual rosa, mariposa dormida,
con sus pétalos todos donde el grito murió,
de alas frágiles mudas entregadas al lecho
hace poco testigos de una guerra de amor.

Y allá mutuo fue el gozo, más allá del ombligo,
derramado hasta el pubis en intenso temblor,
contrastaba el temor de sentir lo sentido:
la terrible sospecha que acechaba el amor.

Él a pasos lejanos olvidando el camino
recitó tartamudo y agarrando valor
incoherencias pueriles de un complot del destino,
de un regalo de cielo y un milagro de Dios...

Incoherencias pueriles improbables y burdas...
Ilusiones de vida... semillitas de amor...


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Fatale - How French Women Do It





Fatale
How French Women Do It


By Edith Kunz

“Fatale: How French Women Do It” peeks at the mysterious ways Frenchwomen manage to appear sexy, smart and recklessly chic. Clues unmask the delicious deceptions plotted by Frenchwomen while suggesting how contemporary women can flirt like a coquette, charm like a courtesan and emit sensuality with cool confidence by merely adjusting one's attitude and one's garter belt.

For those who savor French Finesse and style, this book serves up lessons and advice to feast upon from historical and present day femme fatales.


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Robert Mapplethorpe - "Marty and Veronica"





Robert Mapplethorpe

"Marty and Veronica"
1982


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Ella - Miguel Granado Troconis





Ella
Miguel Granado-Troconis



De "Cantos de Habitación"
Miguel Granado-Troconis
Editorial El Perro y la Rana - Venezuela





Ella cocina un pastel de jamón y queso
que se derrite por su cuerpo
y su vagina
Ella se baña en agua santa y algas verdes
que frota por sus pies
y sus senos
Ella deja caer la toalla que cubre su cuerpo
Las gotas recorren su piel
tímida morena y sensual
y sonríe
A Ella
La observo con esta mirada triste
que la ha deseado tantas veces
Le beso su pubis húmedo
y su olor a miel se impregna en mí
Ahora
acaricio sus piernas
gruesas suaves dulces
y las huelo
y las acaricio
y las muerdo.



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Más sobre arte y poética de Miguel Granados-Troconis :
http://artegranado.blogspot.com/

Fogwill: los “terrores” de la pornografia y al horror de la “pagina en blanco”




Fogwill:
Los “terrores” de la pornografia y al horror de la “pagina en blanco”





En su visita a la Feria Internacional del Libro en Santiago de Chile, el provocador escritor argentino Rodolfo Fogwill anduvo disparando sus dardos de ideas. Esta vuelta arremetió contra aquellos autores quejosos ante la “pagina en blanco” y criticó sin pelos en la lengua a los que no logran escribir con rapidez. Estableciendo una extraña conexion entre pornografia y escritura, espetó:


-Esos boludos, esos huevones que dicen que tienen “el terror de la página en blanco”, aunque ahora se usa la pantalla, y que la llenen con los dedos, no sé, que dibujen algo, que pongan una porno en Internet si les da terror una página en blanco.



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Onania: de 1712 al siglo XXI



Onania: de 1712 al siglo XXI




"Cama redonda"
Por Josep Tomás
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/02/26/camaredonda/1204053179.html

Onania no es un país, aunque el nombre es bonito. Onania es el título de un panfleto peudo-científico publicado en 1712. Lo mejor es su nombre completo: "Onania, o El atroz pecado de la autopolución y sus terribles consecuencias, indagado en ambos sexos, con consejos espirituales y físicos para aquellos que se han dañado con esta abominable práctica. Y una provechosa admonición a la juventud de la nación de ambos sexos".

Toma ya. Casi lleno el post con el titulito de marras… La cosa no tendría más guasa si no fuera porque este texto constituye el primer ladrillito en la fantástica patraña que se ha construido alrededor de la masturbación a lo largo de los siglos.

Básicamente, la gran mentira consiste en atribuir a la masturbación consecuencias terribles y funestas en la salud física y mental de quienes la practican. Su autor fue un cirujano, que también escribió relatos médicos pornográficos de naturaleza 'soft', llamado John Marten.

Esto lo sabemos ahora, porque en un principio 'Onania' (no me hagáis escribirlo enterito otra vez) era una obra "anónima". Para los más interesados en esta cuestión, recomiendo encarecidamente la lectura de 'Sexo solitario', del historiador norteamericano Thomas W. Laqueur, editado recientemente por el Fondo de Cultura Económica de Argentina. Se trata de un repaso pormenorizado de la masturbación, una "historia cultural" según su autor, que nos lleva a descubrir los orígenes de todos los mitos y leyendas que han rodeado la autosatisfacción sexual en los últimos 300 años.

Ah, el libro se encuentra fácilmente, que yo me lo compré en unos grandes almacenes de ocio y cultura que hay en el centro de Madrid y que no digo el nombre pero todos sabéis como se llaman… Había un montón hermosísimo de ejemplares, por cierto.

En 'Sexo solitario' podemos aprender las causas que llevaron al puritanismo a inventarse efectos terribles en la salud motivados por la masturbación. No hay que llamarse a engaño. Al fin y al cabo, las prácticas en solitario nunca habían gozado de gran simpatía en prácticamente ninguna cultura.

La tradición médica sostenía que, como cualquier otro tipo de exceso, era dañino, por la pérdida de semen y fluidos que comportaba. Para las culturas clásicas, la griega y la romana, era algo tonto, ridículo y que daba risa. La tradición judeo-cristiana la valoraba negativamente por su repulsión hacia el control de natalidad o por emparentarla con la sodomía… Pero lo que nunca había hecho nadie era inventarse un fantástico cuadro de efectos secundarios para condenar dichas prácticas. El primero fue el tal Marten.

Quizás porque así se aseguró las ventas de un posterior tratado para erradicar los efectos y consecuencias de la masturbación… Marketing viral del siglo XVIII. El caso es que sus mentiras encontraron un terreno estupendamente abonado en ciertos estamentos, incluida la medicina en su rama higienista, como las diatribas furibundas anti-onanistas preconizadas por el reformista sanitario J.H. Kellogg (sí, el de los cereales).

A partir de ahí todo fue coser y cantar: de repente, la masturbación fue la culpable de ataques de epilepsia, ceguera, anemias crónicas, demencias de todo tipo… e incluso la muerte, que ya es gordo. Afortunadamente, los avances científicos fueron abriéndose paso y a principios del siglo XX ya no había médico que sostuviera tal sarta de barbaridades.

En otros terrenos han sido más reacios a desmentir ciertas cosas y sus efectos se siguen comprobando en muchos ámbitos de nuestra sociedad. En todo caso, repito, el libro de Laqueur merece mucho la pena. Otro día hablaremos de aspectos más freakies, como las máquinas que se inventaron algunos para evitar erecciones involuntarias durante el sueño.


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Syrah y erotismo: estimulante afrodisíaco?




Implicancias eróticas



Por Miguel Brascó
Revista “La Nación”
13 de diciembre de 2009


Se escucha hablar bastante de estos efectos colaterales del syrah, pero todo depende de hasta donde quiere llegar uno con las implicancias

Las conjeturas probabilísticas que se manejan en estas pampas, túrgidas pese a lo chatas, sobre las implicancias eróticas de los vinos syrah dependen mucho del cuál-es-cuál de dicho syrah y de hasta dónde quiere llegar uno con las implicancias. Yo tengo dos o tres amigos con un manejo definitivamente osado de las implicancias, y otros en cambio que son de conformarse con poco.

Los syrah, aclaremos, deben ser genuinos, y no esos chiraz popodípalomistiformes inventados en su momento por los australianos, a fuerza de glucosa residual. Tipo la falsa pimienta rosa de los aguaribáis. ¿Verificó? Según el Diccionario de Palabras Prepósteras e Inusuales de Mrs. Byrnes, popodípalomistiforme es todo aquello que nos provoca rechazo, como las mujeres preguntonas (¿usted es soltero o qué?, te escrutan) o aquellas que nada preguntan y después se quejan porque no les contestaste.

Dado el escepticismo con que suele evaluarse el erotismo de los vinos syrah, habría que ver cuántos de nosotros, considerados de a uno por vez, somos en efecto misóginos o sólo fémino-popodípalomistiformes. En caso de que quien lea esto sea mujer, mande mail y yo reemplazaré esta suposición por otra igual, pero de sexo inverso. No tiene por qué agradecérmelo. Es lo que corresponde.

Las mujeres tienden a enfatizar su condición difusa, instalándose en el área de la fuzzy logic. Disciplina donde no hay certidumbres de ninguna especie, sino (teoría de los conjuntos) series intermitentes de certeras presuposiciones temblorosas. Como, por ejemplo, que una cucaracha nunca está occisa, sino que se hace la muertita hasta tanto el marido no la aplasta con sus gronchas patagonias.

La fuzzy, ya se sabe, es una neológica minimalista posmoderna donde los predicados no se califican de verdaderos o de falsos, sino que se evalúan por sus resultados. O, en jurisdicción tocur, por su coeficiente de visibilidad en circunstancia de neblina.

Entonces, ¿es afrodisíaco el syrah o qué cosa? Bueno, qué pregunta.

Me dicen acá (Allan Hull Walton, Stimulants for love, pág. 90) que cualquier salsa, condimentada con virutas de cuerno de rinoceronte o con esperma vivo de cocodrilo, levanta tac el desánimo más flop. Ahora bien, en ambos casos los animalitos proveedores disponibles siempre son cadáveres. Vivo, andá a sacarle esperma a un cocodrilo. Ni siquiera a un yacaré del Mocoretá o del Iberá, que son más pachorrientos.

Tanto o más efectiva, y fácil de conseguir, es la sopa de nidos de golondrina marítima (o salangana), que, además de afrodisíaco probadísimo, es plato sabroso parecido a la crema de langostinos.

Duda frecuente es con qué parte de ese nido se cocina la sopa. Respuesta: con hojas de un alga comestible que usan las aves para armarlo, moldeándolas con una especie de pegamento compuesto por huevas de pescado y la saliva de las propias pájaras. No sé cómo, pero se hierve todo eso, sirviéndose la sopa resultante, sabores oceánicos muy condimentados, en unos recipientes minúsculos, tipo pocillos de café. Yo la comí una sola vez en Lee Ho Fook, de Londres (15 Gerard Street W1), donde me llevó mi amigo el food expert Andy Harris.

Un sustituto accesible de esta sopa es el nuoc-man, reducción de pescados descompuestos, con leve gusto a extracto de hígado de bacalao. En el mercado chino de Arribeños, Buenos Aires, a veces lo he visto, en pequeños envases de un símil porcelana.

Por si las moscas, usted descorche y sirva simultánea una botella de syrah.


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Por Brascó
mbrasco@fibertel.com.ar

Epitalamio - Arsenio Rodríguez Quintana




"Epitalamio"

Arsenio Rodríguez Quintana




Arsenio Rodríguez Quintana
(La Habana, 1964)
Historiador, poeta, narrador y ensayista cubano.



Trastea sus dientes en la noche y no tiene parásitos alojados en el duodeno. Su acompañante intenta despertarla sobando sus senos en el sueño. Ella aun sin despertarse consigue excitarlo membrum in manun prendere et ejaculationen interfemora. Estaban tan alucinados, que no percibieron mi entrada en la habitación. Las palabras que logre interpretar son "Dulce Ratón", "Angel Terrible". Después del cunnilingus se levanto de la cama. Tenia que ayudarse en la onania, aunque también se masturbaba mediante la compulsiva aproximación de ambos muslos, solo su propio dedo podía provocar notable excitación en su vulva, provocando un maximum que aquel hombre no le ofrecía.

A los nueve anos de edad fue tocada en los genitales por un hombre de unos cincuenta anos; con quien sintió delirium tremens cuando sanguinem mentruatuionis amatae lambit et deverat. Se habitúo desde entonces a friccionarse en el lado izquierdo de la vulva, aproximadamente en el tercio superior del labio menor izquierdo. Su actividad corporal predominaba especialmente en el lado izquierdo; en todo caso realizaba actos a menudo con esta mano, por ejemplo, el acto de cortar con las tijeras. Lo que hacia hoy no era una fricción superficial, sino una frotación de toda su ninfa. El dedo percibía los espasmos de la vagina.

De pronto Li se detiene obedeciendo a los recursos de la memoria y recuerda cuando tenia quince anos como se metió en la vagina la punta de la almohada, con la cual quiso representarse un glande,y su amiga entro en ese momento en el cuarto que compartían y practico con ella anum feminarum amatarum lamberat. En ese momento miro hacia la puerta donde yo me encontraba. Se dio media vuelta en la cama y siguiendo los nuevos impulsos de su mano izquierda se introdujo uno de sus dedos en el ano que el esfínter recibió con acelerados latidos y una discreta nerviosidad conocida. Su acompañante hubo de someterse al nuevo estado de cosas y mediante la mano forzó otra eyaculación que dejo caer en el espacio vacío entre sus nalgas facilitando la introducción de aquel prepucio flácido, incapaz de librar la distancia de ese nuevo laberinto que exigía la eficacia de un prepucio eréctil. Se dejo excitar así el cunnus con el pene curvo, lo cual le produce gran excitación. Ella le hizo resaltar días anteriores la ventaja de las relaciones anales, además se libraban de luchar contra la vaginacin que ella padecía.

Claro que desde hace algún tiempo Li sabia que era muy difícil lograr orgasmos con hombres si estos durante el coito no presionaban bien con el membrum el lado izquierdo de la vagina, cosa que muy pocos lograban a pesar de ser advertidos. Su onania y penetración anal en ella estaban justificadas, dado que en ese trance podía con su mano complacer aquel sitio irascible en la vagina. Ahora cuando percibe que el orgasmo se aproxima perdió el conocimiento. Quis, quid, ubi, quibus, auxiliis, cur, quomod, quando? Lo anterior es un hexámetro técnico de Marco Fabio Quintiliano, que encierra lo que en retórica se llama la circunstancia: La persona, el hecho, el lugar, los medios, los motivos, la manera y el tiempo. Resuma además toda instrucción criminal: ¿Cuál es su crimen? ¿Dónde lo cometió? ¿Por qué? ¿De qué modo? ¿Por qué medios o con qué cómplice? ¿En qué tiempo? ¿Quién es el culpable? Semejante trauma es la noche de bodas, especialmente cuando transcurre sin orgasmos en una de las partes.




Cuento publicado en la antología “Los Últimos Serán los primeros”, editado por la editorial Letras Cubanas, La Habana, 1993. Reproducido con permiso del Autor.


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Masturbación Femenina: El placer al alcance de la mano





Masturbación Femenina: El placer al alcance de la mano




Por Bruno Sommer y Margaux Collet
http://www.elciudadano.cl/2008/09/28/masturbacion-femenina-el-placer-al-alcance-de-la-mano/

Darse placer una misma es una de las formas más concretas de autoconocimiento. Si bien, es costumbre que los hombres hablen de la masturbación, sobre el cuerpo de las mujeres hay un manto de silencio. Aquella dimensión de la vida humana donde el placer y la imaginación son ilimitadas fue asolado por el oscurantismo médico hasta el siglo pasado. Convertido en gesto político por feministas y un gran negocio por la industria del sex shop, en Chile de a poco entramos en el tema.



SIN CULPA

Algunas prefieren frotarse pechos, recorrer su cuerpo con delicadas caricias; otras simplemente permanecen rígidas y esperan la llegada del momento de clímax; hay las que gimen, también aquellas que permanecen en silencio absoluto. No menos son las que usan juguetes y lubricantes, aunque al parecer prefieren usar sus dedos, no conversan mucho del tema entre las amigas como lo hacen los varones en su pubertad, sienten vergüenza y piensan que, si cuentan sus intimidades, las tratarán de forma despectiva. En la alcoba del secreto pareciera yacer el autoerotismo femenino, pero tal lugar cultural no es tan obvio, ni la represión del tema es tan profunda. Por lo menos para ellas.
La dosis de Mati es dos veces por mes. No tiene problema alguno en hablar a sus 20 años, pues desde hace seis años que comenzó a explorar su cuerpo. Estaba de vacaciones con sus primos y mientras “ellos hacían las típicas competencias de masturbarse en la pieza que compartíamos, yo simplemente hacía lo mío en silencio (…) no había tenido relaciones sexuales cuando comencé a conocer mi cuerpo. Hoy, aunque no lo hago muy seguido, podría contarte que lo hago unas dos veces por mes… o simplemente cuando siento deseos”.
El autoerotismo no existe en la educación chilena, menos cuando se trata del cuerpo femenino. En las clases de sexualidad los contenidos son en referencia a las cualidades reproductivas, descripción de funciones o, incluso, enfermedades venéreas. Claro que no se señala que masturbarse es una de las tantas formas de evitar contagios infecciosos. “Me han llamado de colegios particulares caros que me piden un tallercito, 2 tallercitos y cuando se dan cuenta que los niños empiezan a preguntar mucho se cierra el curso. Es tremendamente difícil tocar el tema”, cuenta Cristián Thomas, sexólogo del Centro de Estudios de la Sexualidad de Chile.
Thomas comenta que “cuando preguntas a las mujeres jóvenes, hoy se nota que hay un mayor número de ellas que exploran la masturbación, a diferencia de las mayores. Claro que todavía son pocas las mujeres que acceden al goce con su propio cuerpo”.
Laura tiene 27 años y comenzó a masturbarse pasada su primera relación sexual. Ella pertenece al 80% de las mujeres que recién post primer coito sienten el deseo de autoestimularse. El 20% restante llegará a su muerte sin haber sostenido un acto sexual en solitario. “La masturbación es tibia y extraña, nunca una es igual a otra”, nos dice.
Para Laura llegar al orgasmo mediante la masturbación es fácil y requiere menos tiempo que llegar al éxtasis a través de una relación sexual entre dos personas. “Obvio, yo conozco mi cuerpo, sé lo que más me gusta, me doy mis tiempos, nadie me apura ni tampoco debo esperar a nadie, ni menos dar explicaciones si finalmente no llego a un orgasmo”- señala Laura.



MANUSTURPARE Y ONANIA

Masturbación proviene del latín man(u) sturpare, Manu significa mano, stuprum: un deshonor una estupefacción, es decir, una acción vergonzosa realizada por la mano al cuerpo. En el antiguo Egipto el Dios Atum, copulaba con su puño para fertilizarse a sí mismo y crear la vía láctea (Ackerman). En Grecia era común la masturbación, tanto para hombres como para mujeres, aunque el código de Esparta lo condenaba. Pero para los demás helenos el autoerotismo era una acto digno de los dioses(as).
El filósofo Diógenes se masturbaba en el ágora ante el pueblo, tratando de demostrar que todas las actividades humanas merecen ser hechas en público, que ninguna de ellas es tan vergonzosa como para requerir privacidad. Galeno en plena Roma antigua recomendaba la masturbación como terapia, mientras Hipócrates la condenaba.
La imagen de la masturbación moderna surge con la publicación de Onania, en 1712, escrito por un desconocido cirujano que hablaba de pornografía médica soft. Para el historiador Thomas W. Laqueur, autor de Sexo Solitario, Una historia cultural de la masturbación (Fondo de Cultura Económica), con el libro se “inventó una nueva enfermedad y un mecanismo novedoso, altamente específico, cabalmente moderno; un modo casi universal de generar culpa, vergüenza y angustia”. El extenso título rezaba: Onania; o, el atroz pecado de la autopolución y sus terribles consecuencias, indagado en ambos SEXOS, con consejos espirituales y físicos para aquellos que se han dañado con esa abominable práctica. Y una provechosa admonición a la juventud de la nación de ambos SEXOS. Nacía así el onanismo.
El nombre viene de la acción del personaje bíblico, Onán, quien practicaba coitus interruptus con la esposa de su fallecido hermano para no dejarla embarazada, dejando caer la semilla al suelo y poniendo en riesgo así la permanencia en el tiempo del pueblo judío. El acto de Onán para sus compatriotas era una ofensa ante los ojos de Dios.
El libro venía con combo. Su autor pensó primeramente ofrecer remedios religiosos, pero las recomendaciones de otro médico lo llevaron a incluir como remedios la ‘tintura vigorizante’ y el ‘polvo prolífico’. El amigo médico reimprimió ediciones del tratado. Laqueur observa el “desvergonzado esfuerzo por inventar una nueva enfermedad y al mismo tiempo ofrecer su cura a un precio exorbitante”, todo un negocio.
Después de Onania y hasta las primeras décadas del siglo XX, se decía que la masturbación producía ceguera irreversible, hacia salir pecas en la cara, pelos en las manos y a la mujeres que practicaban el acto, se les caería el clítoris. Junto a la patologización del placer solitario se prescribían crueles tratamientos y prácticas: se ataba las manos con grilletes, se readaptaron los medievales cinturones de castidad y se mutiló el clítoris a algunas pacientes.



DEFECTOS Y PICAZONES

El filósofo Michel Foucault describió en su Historia de la Sexualidad, que desde el siglo de Onania, la sexualidad “se definió por naturaleza como un dominio penetrable por procesos patológicos, que exigía intervenciones terapéuticas y de normalización”. El indefinido terreno del autoplacer fue allanado por médicos y terapeutas.
Cuando Diderot organizaba la Enciclopedia encargó redactar el tópico de la masturbación al médico suizo Samuel Tissot, quien en 1760 publicó su propia versión de Onania: L’ Onanisme. El libro de Tissot no ofrecía remedios, sino que intentaba hacer una descripción seria de la solitaria práctica, a la que oponía vida saludable, buena compañía y algunas pociones energizantes. El libro fue un verdadero best sellers en su época y la Enciclopedia de Diderot le daría 30 páginas al tema.
Para el médico suizo la práctica no había que considerarla pecado, sino una patología corporal, era “la más mortífera y siniestra de las prácticas sexuales”. Luego de la circulación del libro no dejan de aparecer remedios para prevenir la paja, las poluciones nocturnas o cualquier otra forma de placer. En 1799 en Londres se venden para jóvenes de ambos sexos, las pastillas vigorizantes persas, recetadas para las “prácticas impulsivas de locuras infantiles” o el jarabe vegetal persa para la ceguera temporal que causa la masturbación. Otro médico interesado en ventas, Kellogg (el de los cereales), recomendó a su vez comer regularmente copos de maíz. Otros recomendaban guantes ásperos, descargas eléctricas o tratar los genitales con ortigas.
En la época estaba solidificada en la medicina la noción histérica del placer femenino. En 1885 un médico inglés, Isaac Baker-Brown dio publicidad a la extirpación del clítoris para poner fin a la masturbación femenina. A la operación la llamó clitodermia.
No tardaría en aparecer otra acción médica: la infibulación o cauterización de los genitales, divulgado por el Dr. Yellowiees, quien sostenía ufano: “Me propongo probarla en gran escala y seguir alambrando a todos los masturbadores”.
Ya en el siglo XX, Sigmund Freud describe la práctica solitaria como algo propio de la infancia, pero que practicado en la vida adulta constituía la causa de una de las formas de neurosis de la época, la neurastenia. Una especie de fatiga crónica.
Desde el siglo XIX se publicaron con profusión en toda Europa y norte América cartillas con consejos a los padres para vigilar las poluciones nocturnas de sus hijos. Se recomendaba visitarlos sorpresivamente en medio de la noche o atarles las manos.
Chile también tuvo la suya: La Masturbación y sus peligros, publicada por el Departamento de Higiene Social de la Dirección General de Sanidad en 1938. El texto dice que “uno de los vicios más perjudiciales para la juventud, lo constituye el placer solitario de la masturbación, llamado también onanismo o vicio de Onán”, agregando que “tiene este vicio su origen en algún defecto físico de los órganos sexuales o enfermedades que se origina por falta de aseo de los mismos, y que determinan en niños y niñas erupciones que se acompañan de picazón , obligándolos a rascarse, maniobra que maquinalmente practicada puede despertar sensaciones agradables (..) La cara adquiere palidez inusitada, los ojos se sombrean de profundos surcos oscuros, se presentan dolores de cabeza, aparece la irritabilidad nerviosa que arrastra a la tristeza, a la cólera , síntomas que se agregan con frecuencia como los vértigos, zumbidos en los oídos, pesadillas que pueden llevar a perturbaciones mentales graves. (…) Médicos establecen que por masturbarse de pie se producen congestiones a la médula, parálisis e incluso la muerte”.



EL TRABAJO DE KINSEY

El trabajo del médico norteamericano, Alfred Kinsey, sobre la vida sexual en el hombre (1948) y en la mujer (1953) vendrían a poner una nota discorde a la tradición médica.
Recibió gran apoyo de la Fundación Rockefeller, la que posteriormente le retiraría el dinero, al saber que Kinsey preparaba un libro sobre la conducta sexual de la mujer. Para entonces el senador Joe McCarthy denunció al trabajo de Kinsey como parte de la “conspiración comunista”.
Kinsey describió la autopolución como un acto normal y, luego de estudiar la vida sexual de 8 mil mujeres, concluyó que “la masturbación femenina es la práctica que conduce con más frecuencia al orgasmo, siendo que el término medio de las mujeres no alcanza dicha satisfacción, aún en el coito marital y ello rige también para la práctica de las caricias premaritales”.
Definió la masturbación como una “autoestimulación deliberada que produce excitación erótica y satisfacción sexual”. Y dijo que la gran mayoría de las mujeres llega a la masturbación como un proceso de autodescubrimiento y la exploración de sus órganos genitales, pese a que la mayoría de ellas conocía de la masturbación masculina pero ignoraba que la mujer podía practicarla. Las que sí sabían era a partir de publicaciones impresas, pues no se acostumbraba a verbalizar el acto.
Kinsey señala que un 3 % de las mujeres comenzó la masturbación por experiencias homosexuales, en tanto que entre los hombres la cifra asciende a un 9 %; la masturbación femenina que termina en orgasmo es de un 4 % para los 7 años de edad; de un 12 % para los 12; y de un 15% para los 15, edad promedio en que comienza la menstruación. Desde esta edad hasta los 45 años, un 58% de las mujeres estudiadas dijo que de iniciar una masturbación llegaba hasta dar con el orgasmo.
Respecto a la frecuencia, algunas mujeres no se masturban más que dos veces al año, la mayoría sin embargo lo hace hasta el punto del orgasmo. Un 4 % dijo que la practicaba 14 o más veces por semana en determinadas épocas de su vida, llegando al orgasmo unas 30 veces por semana.
Kinsey concluyó que la masturbación es más común en mujeres con estudios superiores, a diferencia de las otras, quienes practican en su mayoría el coito premarital y marital por temor a lo perniciosa de la práctica para su integridad física y moral.
Kinsey contribuyó a prefigurar el destape que vendría después. En los ’60, Alan Dungan publica un poema titulado For Masturbation que dice: “Me he permitido/ Este rincón y soy Dios…”. Para la época el autoerotismo era una bandera del movimiento feminista y gay, quienes invitaban a realizarlo como una forma de libertad, autonomía y rebelión. En 1971 es publicado Nuestros cuerpos, nuestras vidas del colectivo Women and their bodies, que se lanza en picada contra la teoría freudiana y reivindica la sexualidad clitoriana como parte del proceso de convertirse en mujer. Dice que la práctica es “el primero, más simple y más conveniente camino para experimentar con tu cuerpo”.



PAJITA CHILENA

Las chicas no sabrán de autoplacer sexual hasta dar ellas mismas con algún resultado, motivado por el propio deseo e incluso la casualidad. Al espinillento chico, más que seguro el padre o amigos le conversarán del tema y hasta lo molestarán pidiéndole que muestre la palma de la mano para ver si ya tiene el “pelito de oro”. Sin embargo a la mujer, ni profesoras ni madres les enseñarán el cómo poder autoentregarse placer sexual, aunque según el estudio de Kinsey, la mayoría lo descubrirá por la literatura.
La experiencia clínica de Thomas lo hace sostener que “las mujeres tienen una pésima relación con su cuerpo, no son capaces ni siquiera de mirarse la vagina o de meterse un dedo. No conocen su cuerpo y los hombres viven fundamentalmente en torno a la erección o a los orgasmos de la mujer y no tienen tampoco una relación con los afectos ni con el cuerpo. Yo diría que la sexualidad de los chilenos es bastante pobre”.
A ello, el sexólogo agrega que el chileno no logra separarse de la tradición moral que no facilita la vida sexual y que impide que se diferencie de la familia de origen. “Tenemos habitualmente en Chile, las madres metiéndose en la vida de los hijos, las suegras metiendo en la vida de la pareja (..) Pasarlo bien en Chile es hacer un asado con 400 personas de la familia y no hacer vida intima”- reflexiona. Según cifras de la Fundación Futuro, el 60 % de los hombres y de las mujeres dicen pasarla mal en su vida sexual. La encuesta que hizo la Universidad de Santiago hace 5 años atrás mostraba que como el 60% de las personas tenían una relación paralela a la relación estable.


VIBRADORES RELIGIOSOS

En 1977 abrió Good Vibrations en la costa oeste de Estados Unidos, tienda que sería el primer sex shop. Sólo ese año tendría ventas por 15 mil dólares. En Europa Beate Ushe es la cadena más grande y el 2000 tenía 300 locales. Hoy hay diversas líneas de vibradores, destacando unos de silicona con figuras de Cristo, la Virgen o Buda.
Good Vibrations llamó en los ’90 al mes de la masturbación, invitando a charlas, festejos y mesas de conversación. También hay cursos, libros y terapias que ayudan a las mujeres a masturbarse mejor. También hay comunidades virtuales de onanistas y hace unos años más de 5 mil jóvenes que promediaban los 22 años respondieron a la encuesta del quinto aniversario de Nyjacks.com.
En Chile el mercado es reciente. No es raro que muchas mujeres den varias vueltas antes de entrar a los sex shop o esperen el momento para que nadie las vea. Patricio Navarro, del Sex Shop Multisex, comenta que “yo incentivo a las parejas que vienen para que jueguen, para que se atrevan. Hay mucha gente que piensa en terminar el matrimonio y es en ese momento en que se puede buscar una salida entretenida para el amor y el sexo”.
Respecto de las compras de las féminas, Navarro contó que “generalmente compran vibradores, estimuladores clitoriales, anales y vaginales. Nuestra empresa lleva 4 años, se formó con un solo local y hoy tiene 5. La venta de juguetes sexuales va en aumento, pero no todas las mujeres buscan lo mismo. En general los aparatos los compran parejas, pero hay mujeres que compran en solitario cuando sus parejas se van fuera del país, y no quieren ponerles los cuernos”.
Una novedad en el mercado de la masturbación es el llevado adelante por Jane Morgan, www.japijane.cl , quien dice que los productos que vende sirven a las mujeres para ir conociendo su propio cuerpo, “es muy difícil que los hombres sepan que le gusta a una, sí las mismas mujeres no saben”.
“Lo recomiendo porque es una medida anti stress junto a los orgasmos, es relajarse más, el placer sexual es una necesidad básica y la masturbación es una opción mucho más sana que meterte con cualquier persona”, agrega Morgan.
“Lo que hago con Japi Jane es que les entrego una asesoría individual a las y los interesados, me escriben a mi mail y yo les oriento, si se juntan 4 amigas o más las visito en su casa y les explico y vemos los productos. Las mujeres que más demandan son de 30 a 45 años. Pero me llaman también solteras y con parejas de 50 a 60 años, y junto a ello hombres que los quieren para sus parejas. Durante este año ya he visitado más de 300 mujeres que están muy felices”, conversa sonriente Jane.
Thomas sin embargo considera que “las chilenas cada vez que contactan el placer se sienten culpables, se sienten muy mal, como si fuesen pecadoras. La imagen María Virgen, madre, es muy fuerte, muchas mujeres inconscientemente tratan de ser madres. No mujer sexual, no mujer erótica, no mujer amante”, pueda ser que la tendencia está cambiando.
Respecto a las fantasías rescatadas por Thomas, señala que “son cada vez más frecuentes las fantasías con otra mujer. Masturbarse con otra mujer. Y una fantasía que he escuchado muy reiteradamente es que un hombre las violenta sexualmente sin que sepan quien es. Hay una mezcla de fuerza y de violencia importante pero nunca tanto para dañarla. Una fantasía muy recurrente y sobre todo en lugares semi-públicos”.
Mmmmm, sinceramente no es obligación el masturbarse, ni menos es cierto que las mujeres que no practiquen este goce sean más o menos mujeres, es cosa de opciones, de libertad y por ello se debe aceptar tanto a quien por decisión religiosa o por satisfacción sexual no esté de acuerdo , pero así también debe aceptarse que quien desee masturbarse por insatisfacción, placer, líbido o hambre sexual, pueda hacerlo sin culpas, castigos ni temores, de nada ni nadie.



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Image: Dominique Regnier
"Escultura erótica"

miércoles 16 de diciembre de 2009

Those magic small fingers...



Those magic small fingers...


Small fingers give woman a sensitive touch

Women have a more sensitive touch than men, but not because of their gender. It's just that their fingers tend to be smaller.

"We now understand that this sex difference is not actually a 'sex effect', but rather an effect of finger size," says Daniel Golldreich of McMaster University in Ontario, Canada.

His team measured the surface areas of index fingers in 100 students and then asked them to feel surfaces marked with progressively finer grooves.


Dense receptors

When the grooves get too narrow for someone's sense of touch, the surface feels smooth. On average, men could detect grooves down to 1.59 millimetres wide, whereas women detected grooves at 1.41 millimetres.

But what mattered was finger size, not gender. Spatial discrimination fell by 0.25 millimetres for every square-centimetre increase in finger area.

The team found that sweat pores become more densely packed as finger size decreases. They suspect that the skin's touch receptors, or Merkel cells, are also more tightly packed, which might explain why small fingers are more sensitive.



Journal reference: The Journal of Neuroscience, DOI: 10.1523/jneurosci.3684-09.2009

From: New Scientist - December 15, 2009

By Andy Coghlan

http://www.newscientist.com/article/dn18292-small-fingers-give-women-a-sensitive-touch.html?DCMP=NLC-nletter&nsref=dn18292


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Image: Nude hands - Steven Digman